“El Greco” en una colección de moda que arranca en el siglo XIX. Galicia Calidade

“O
dio los dibujos estáticos, tengo obsesión por el movimiento y las telas livianas. La figura es una figura en movimiento cuando dibujo e imagino telas livianas”. Cuando vi sus maniquíes pensé en “El Greco”. Doménikos Theotokópoulos pintaba humanos estilizados, alargados. Sergio C. López dibuja maniquíes estilizados, alargados. Al entrar en su mundo, vislumbré en forma de “S” mayúscula, un mundo de personajes con cabezas difusas. Lo importante era su atuendo. “Dibujo fatal -me dice-, el dibujo realista se me da fatal”. No queremos más dosis de realidad. Queremos metáforas en la moda, queremos literatura, queremos recuerdos, historia, vida. Queremos -yo y seguro que alguien más- estructura. Narrativa visual en una colección de ropa.

Lo más curioso es que a mi -llámenme loca- la moda no me interesa. O me interesa mi moda, monocolor y a ratos con la única intención de llevar la contraria. “Lacrimatorio” me atrapó por el título. Y no, “no es un título triste -matiza- las lágrimas pueden ser de emoción y trato de eso, de canalizar emociones”. La aclaración a la que suscribe no es necesaria. Yo vivo casi siempre en el siglo XIX.

Critico a quien compra un libro únicamente por el título. Estupidez la mía, más de una vez he comprado un libro por el título para decirme: es la última. Su última colección se llama “Lacrimatorio”, un concepto que me lleva volando directamente hasta el siglo XIX. A guardar lágrimas. Alejado de la superficialidad, este joven diseñador bucea en el pasado para mirar al futuro. “En esta colección he recogido la alegoría del paso del tiempo, la evolución de la cultura familiar, cómo paralizar el tiempo”. Una de las obsesiones inherentes al ser humano: Cronos. El Tempus Fugit. Y la filosofía se hace vestido que cubre, tela que acomoda la piel, tejido que detiene el reloj en forma de flor seca.

Y como haciendo magia. Técnicamente se va al futuro y paraliza el tiempo en la metáfora de las flores secas. Y pasan a formar parte del tejido, en un baile difícil, experimental caro. Flores secas que forman parte del tejido en un entramado provocado que parece que existe desde siempre. Un baile que me lleva a entender la ropa como objeto, porque él me lo explica: “hay trajes con horas incontables de trabajo y casi imposibles de poner precio. Es el traje como objeto. Hay dos vertientes claras, la del día a día y la alta costura”. La de bajar a comprar el pan y la de exhibición en la exposición permanente del Museo del Traje.

Sergio ha conseguido que me interese su manera de crear “soy diseñador, no modista, con todo el respeto que merecen las modistas. (…) Antes hacía más ropa por encargo, hasta que un día alguien me dijo te pago 35 euros por una de mis creaciones. Había algo que estaba haciendo mal”.

En esta colección viaja hasta el pasado más íntimo de su familia, ya en la dedicatoria se intuye que hay raíz porque la dedica a sus abuelos. Y hay inspiración en el traje tradicional gallego, y huele a Atlántico, y Galicia se cuela entre lágrimas de emoción de aquel día que se casaron sus abuelos. En este trabajo hay una entrevista a su abuelo. Al origen de todo.

Su colección anterior fue “Epitafium”. Su abuela estaba muy enferma. Y explotó el dolor ahora calmado por ese tempus que todo tamiza. Ahora su metodología es recurrente, “quiero hacer una colección bonita, sólida, con coherencia, trabajar un concepto cerrado”. Su viaje anterior fue dolor, fue rabia, tristeza, “abrirme en canal”. Ésta cambia de sensaciones, es primavera también, además de norte, es calma. Es curioso porque la colección nace de la pérdida de esa raíz, la pérdida de su abuela. Y todo se transforma para atrapar la emoción y recordar lo bonito, de ella y de su historia. Mirar a los muertos y hablar de ellos desde la emoción de haberlos tenido. Tranquilidad. Recuerdo. Vida. Hay un vestido cuyo boceto en horizontal nos lleva a los colores de un atardecer de otoño en Coruña. Literal. Lo he visto.

Y hablamos de todo, es cómodo hablar cuando alguien tiene sus alas originales. Cuando el mercado no te ha obligado a trajearte de postureo y mentira, cuando aún dices con inocencia y sabiduría que el rey va desnudo. “Claro que hay mucho de marketing en el mundo de la moda”, me dice sin dudar. “No recibimos ninguna ayuda por ser jóvenes diseñadores. Estoy construyendo mi marca”. Lo hace desde la honestidad. A Sergio le brillan los ojos cuando habla de verdad: sus abuelos, sus raíces, su Galicia, sus lágrimas. Mezcla en la estructura de su colección tantos pilares de la sensibilidad, que de repente me intereso por sus diseños de verdad. Porque cuenta una historia en un vestido de novia con flores secas, porque me enseña el atardecer en el cantábrico y porque sé que un traje regional se puede reinventar para ser futurista.

Ahora está inmerso en un proyecto que saldrá en septiembre, un libro “vida” -así lo bautizo yo- donde “cuento una historia completa. Tendrá un poemario entero relacionado con los diseños porque tengo un amigo que es escritor y siempre dedica algún poema a alguna de mis creaciones, pero en este caso, cada una tendrá sus versos”. Versos y besos, y flores secas, y telas livianas, y “El Greco”, y colores suaves, y el curarse de la pérdida de una de tus raíces creando sobre su recuerdo, una historia en tela. Con luz. Mucha luz.

La próxima colección ronda ya su mundo creativo. Yo estoy atrapada en su “Lacrimatorio”, en ese recoger lágrimas para guardarlas en un frasco de esencia de sentimiento. En la visión de las líneas curvas de sus bocetos, en las ganas de ponerme cada una de esas piezas que componen su Galicia particular. Entender una colección es vivirla. El problema es que creo que hay algunas colecciones que son únicamente atrezzo, sin elementos estructurales y por eso no me interesan.

Sergio C. López ha construido un discurso sentimental entre alfileres, tijeras, tejidos y coherencia. Créanlo. Que yo quiera probarme su colección es ciencia ficción en cualquier realidad de mi día a día: yo solo visto de negro. No hay ni rastro de negro en este “Lacrimatorio”. Solo la luz crepuscular de esa tierra que los romanos dijeron que era el Finis Terrae. El fin del mundo. Terminar un mundo y construir otro. “Mi siguiente colección puede estar dedicada a los diferentes usos que se pueden dar a una iglesia o a Maria Antonieta, estoy dándole vueltas”.

Maria Antonieta es uno de mis personajes históricos fetiche. Lo dijo la Reina de Corazones de Alicia en el país de las maravillas…. “¡Qué le corten la cabeza!”. Qué te dejen tus alas, Sergio. Y vuela. Libre. Alto. Cantábrico y morriña.

Por cierto, “haberlas, haylas”.

Autora: Ainara Ariztoy es periodista y escritora. Puedes seguirla en Twitter, Facebook e Instagram. Puedes seguir el trabajo de Sergio C. López en su cuenta de Instagram.