Cinemática Evolucionista

L
a publicación de la antología Corazón, huracán (en La Bella Varsovia) que recupera la poesía de Vicenta Maturana, escritora gaditana que vivió y escribió al pulso de la Ilustración y el Romanticismo y que dejó como legado la prosa poética, es un acto de justicia respecto a la masculinizada historia de la literatura.

No es cosa menor. No dudemos en seguir los pasos y composiciones de las nuevas poetas del siglo, nacidas entre 1983 y 1993, que han tenido que crecer literariamente sin referentes femeninos. Hijas y creadoras del 8M, lectoras de lápiz en mano que se aprendieron de memoria los versos de las escritoras que nunca pudieron estudiar en sus libros de texto, por la sencilla razón de que no estaban donde deberían estar: en el libro: intelectuales de la Generación del 27, artistas, escritoras de la Generación del 50 y 60 … Estar en el feminismo implica un proceso constante, impaciente, incansable por encontrar y aprehender las palabras de nuestras poetas, narradoras, ensayistas, en una lectura que, si bien se ejecuta desde la misma lengua que nos somete, intenta llegar a la orilla del ser mujer como resistencia y creación.

Berta García Faet, Laura Casielles, Ruth Llana, Eba Reiro, Elena Medel, Luna Miguel, esta última editora de la antología Tenían veinte años y estaban locos (La Bella Varsovia, 2011), una selección de las voces más brillantes de la última poesía. Teniendo en cuenta que el alumnado con dieciocho años sale del instituto creyendo que lo último que se ha hecho en poesía pertenece a la generación de los años 80 y los poetas “de la experiencia”, la antología de Luna Miguel está a la temperatura necesaria: ni el frío de lo muerto, ni el calor de las grandes figuras que sólo admiten reverencias. He aquí que, al igual que hizo Carmen Conde como antóloga de Poesía femenina española (1950-1960),1971, y como ocurre en toda compilación, el propósito no es otro que abrir la ventana y que entre el aire, es conectarse al día y a la hora donde estamos todos y todas. En su prólogo, aseguraba Carmen Conde: “dicen lo que todos sentís y pensáis, y hasta lo que no os atrevéis a decir en voz alta”.

En España se publican anualmente unos trescientos libros de poesía, debe ser por tanto de mortal necesidad incluir la metáfora que vive en el presente, hacer encabalgamiento de dos versos que tengan direcciones compartidas con los y las lectoras, literarias y nuevas promesas.

Alpha Decay, Cangrejo Pistolero, El Desvelo, La Bella Varsovia son las nuevas editoriales que nos indican la senda, los altos en el camino para que nuestra próxima lectura esté libre de prejuicios y tenga por segura la calidad literaria.

Algunos críticos aseguran que son jóvenes para estar metidas hasta el cuello en la publicación, tanto de sus propias obras como las del resto de sus coetáneos. La mujer parece que siempre llega o demasiado pronto o demasiado tarde. Nos hemos acostumbrado a repartir el pastel y quedarnos con el trozo más pequeño.

El horizonte que nos interpele alberga: Diario de la mañana (1967) de Concha de Marco; Los salmos fosforitos de Berta García Faet, Premio Nacional de Poesía Joven ‘Miguel Hernández’ 2018; Las señales que hacemos en los mapas de Laura Casielles; “amar a una mujer violeta…” verso imprescindible de Eba Reiro, y la voz de Elena Medel en un vídeo de youtube hablando de comienzos, reclutamientos y responsabilidad crítica. Las mujeres ya tenemos una lengua propia para poder comunicarnos sin complejos, hemos establecido un puente perfecto entre nuestras ancestras y nosotras, las lectoras, las escribidoras, las profesoras de literatura española. Quizá haya esperanza en este 2019 y sepamos desandar el camino que nos siguen dibujando, inclinar el pie sobre la punta y no trazar nunca más una línea recta entre dos puntos.

Todo ello con la esperanza

de soltar algún día

definitivamente y para siempre

ancestrales amarras.

Se adiestran,

se entrenan,

se inquietan,

se angustian,

unas a otras se retan

se esfuerzan

ascienden,

trepan y trepan

como sus perdidas y remotas

tátara tátara tátarabuelas

aquellas insignificantes amebas,

como sus casi vegetales bisabuelas

aquellas medusas—algas,

como sus primigenias madres

las pequeñas tupaias de Malasia,

como sus primogénitas hermanas

las australopitecas

que correteaban gozosas

entre las calas,

sin apenas percibirse de nada,

sin como éstas, darse cuenta,

que poco a poco

y para siempre

van dejando de ser grávidas,

que poco a poco y para siempre

van dejando de ser eso

que hasta ahora se ha llamado mujeres

para empezar a ser otra cosa,

para pertenecer a otra

muy distinta fauna.

Alfonsa de la Torre, “Cinemática Evolucionista”, 1969

Autora: Encarna Ruíz es filóloga y docente, especializada en literatura feminista. Puedes seguirla en Twitter y Facebook.

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