El oficio del buen gusto

E
scribía María Zambrano que «un cuadro muestra un suceso que le ha ocurrido a alguien y que le sucede a quien lo mira». Algo similar ocurre con los muebles diseñados por Braulio Rodríguez, quién junto a José Cámara dirige espacioBRUT , un lugar exquisito y alejado de las modas pasajeras en el que interiorismo y arte van de la mano. Sus muebles evocan pequeñas criaturas, pequeñas arquitecturas, salvando lógicamente el factor de la escala, y forman un universo personal cuya cercanía viene expresada por la calidez de la madera.

Ellos mismos producen piezas de mobiliario exclusivas de forma artesanal en un taller de ebanistería en la ciudad. Los materiales que utilizan desde el principio son contrachapados de abedul, básicamente, y roble macizo, aunque en proyectos más amplios de interiorismo pueden variar los acabados según demanda o necesidades del cliente. Los acabados consisten mayormente en barnices y lacas de diversos colores que aportan un aire tan propio y personal a la marca.

Hemos charlado sobre arte, tendencias, interiorismo, decoración… y sobre buen gusto con Braulio Rodríguez y con José Cámara.

Abrísteis hace diez años vuestra primera tienda en el Rastro, ¿hay mucha diferencia entre los clientes de entonces y los de ahora?

La diferencia fundamental es que los hábitos de compra han cambiado. Primero vino la crisis que machacó el mercado y más tarde el oportunismo del «low cost» del que se han aprovechado unos cuantos y que hemos pagado los que formamos parte del sector del diseño, el arte, etc. Por tanto, no es que haya tanta diferencia, básicamente el cliente se parece pero ha perdido poder adquisitivo y cambiado sus objetivos.

¿Qué tiene de especial espacioBRUT?

Pues no sé si lo especial podría ser nuestra independencia respecto a las tendencias que inundan el mercado. Cuando empezamos fuimos considerados como algo especial porque donde estábamos (el Rastro) no había nada semejante ni en prácticamente la ciudad entera existía un concepto como el nuestro. Estamos hablando de un estudio-tienda- galería-editora de nuestra propia marca, etc. Diez años después seguimos nuestro camino y eso nos hace quizá más independientes, pero la independencia tiene un precio. Si somos especiales quizá sea porque somos honestos con nuestro trabajo.

Vuestros muebles se caracterizan, entre otras cosas, por los toques de color atrevidos ¿en qué os inspirais?

Cuando abrimos (hace diez años ya) fuimos pioneros en cuanto a la mezcla sin complejos de acabados y colores. No es que fuera algo nuevo, para nada, pero las tendencias de entonces miraban más hacia otro lado. Mezclar madera barnizada con laca blanca ya había sido utilizado en otras etapas del siglo desde principio del siglo xx por Le Corbusier hasta Gio Ponti, por ejemplo. Nosotros quizá despertamos esa línea no por oportunismo sino porque nos apetecía y no era ya habitual, y menos en España, donde se estaba implantando una corriente estilo vintage-industrial sin sentido crítico ni coherencia estilística o argumental. Todo valía, proviniese de donde proviniese, daba igual que fuera una butaca sueca, una caja de botellas francesa o un arcón procedente del derribo de una casa manchega. De ahí surgimos nosotros por nuestra cuenta y riesgo.

La arquitectura es nuestra fuente más básica y necesaria, la formación de Braulioen ese campo es la que marca su impronta en el diseño.

Desde que empezasteis, ¿cómo han cambiado vuestros diseños?, ¿qué se mantiene?

Es difícil verse a uno mismo y ver la propia evolución a través de los años, el diseño y la creatividad en general cambian contigo, lo que prevalece es la esencia: el tú y ese es el que evoluciona. Cambia la percepción de la forma, el deseo de prevalencia en el tiempo se acentúa… Se mantiene el espíritu inicial respecto a la funcionalidad, la extracción de lo superfluo manteniendo la gracia, la línea recta, la ortogonalidad y el cruce de planos. también la sinceridad y el que el mueble sea reconocible y cercano.

Una silla, un tejido y un lugar.

Braulio:

La Bodleian Libraries chair, de Barber & Osgerby, un tejido de Anni Albers, Santiago de Compostela.

José:

La Hallway 403 de Alvar Aalto, la Lana, Copenhague.

¿Quién gana en el conflicto entre estética y función?, ¿nos quedamos con la forma de las cosas o con que nos hagan la vida diferente?

Debería buscarse un equilibrio, al menos desde el punto de vista del diseñador. La realidad es otra y creo que es mayor el deseo de estética, por ser esta una sociedad muy hedonista, pero en ningún caso creo que deba significar un conflicto si ambas están equilibradas. El objetivo del diseño es facilitar la vida y aportar soluciones cotidianas, en este caso mediante un mueble bien planteado. Otra cosa es equivocarse en el concepto de interior y plantear un espacio agradable pero inútil, aunque todo va de la mano y es cuando encaja todo cuando has acertado.

Antes todo era más formal, simple, incluso elegante…

Estos son los tiempos que nos ha tocado vivir y en cuestión de estética creo que vamos a peor, la sociedad en la que vivimos es más autocomplaciente, menos crítica y menos culta. En el diseño hay un uso mayor de nuevos materiales pero al final muchas veces queda en una mera solución cosmética. Siempre han existido esos conceptos en lo que al diseño se refieren, sobre todo a raíz de los movimientos que cambiaron la arquitectura a principios del siglo xx: la depuración y la extracción en la forma, la simplicidad, la optimización para la industrialización. eso significó el ideal del diseño y traía asociado esa nueva “elegancia” de lo sencillo.

Actualmente hay un abuso del efectismo y una estética de lo ocurrente o de lo asociado a las tendencias en materiales, colores, etc., pero el debate es más complejo y llevaría tiempo.

¿Inventamos o reinventamos?

Una silla siempre será una silla pero yo necesito diseñar una aunque haya ya miles en el mercado. Puede que no aporte nada pero el deseo es algo inherente al diseñador y creo que eso corresponde a la invención. La reinvención la entendemos como una salida o alternativa, como es el uso de los recursos de que disponemos, la vuelta a lo tradicional que estaba abandonado… Pero existe el riesgo de caer en el oportunismo y en la tendencia del mercado, como ocurre a menudo con la excusa de la reinvención.

En espacioBRUT ¿qué importancia tienen los proyectos de decoración, el diseño y venta de muebles y el de obras de arte?

Pues dicho así, su razón de existir. Cada una de las patas en que se sustenta nuestro banco. empezando por el estudio de interiorismo HOLZ57 que fundamos hace casi quince años. A ello sumamos nuestra actividad como editora de mobiliario, hace diez y de manera coetánea a esa actividad, comenzamos a exponer el trabajo de artistas independientes mediante proyectos expositivos.

Colaboráis con unos cuantos artistas desde hace tiempo, ¿cómo es la relación con ellos?, ¿les hacéis encargos específicos?, y ¿hay la hora de exponer en vuestro espacio alguna condición ya sea de formatos, materiales o de otro tipo?

Con bastantes artistas pasamos de largo la cincuentena de exposiciones y nuestra relación con casi todos ellos ha sido y es muy buena, les pedimos un proyecto atendiendo el espacio de que disponemos y con la condición de que las obras deben convivir con nuestros muebles. Se establece así un diálogo entre ambos muy interesante y a la vez práctico, ya que la obra de arte se integra en un espacio semejante al de cualquier interior o casa y el cliente lo identifica más fácilmente. Es enriquecedor para ambos. con el tiempo creemos que hemos conseguido hacernos con una línea de trabajo coherente y personal, el formato o la técnica no nos preocupa aunque sí que tendemos al dibujo y a la pintura de una manera mayoritaria pero no obligatoria a la hora de exponer.

¿Jean Prouvé o los Eames?, ¿por qué?

Uno es más comprometido con la técnica constructiva y su uso con metal a escala industrial y en serie y, por otro lado, comprometido por dar soluciones incluso humanitarias a la sociedad de su tiempo, con la resolución de problemas a nivel más humano, etc. Los otros son modernos e innovadores en cuanto a nuevas formas de entender el hábitat en una América en expansión cultural y económica. No sabríamos decidirnos. ¿Mozart o Beethoven? Faltarían muchos otros por reseñar.

Eso en cuanto a la teoría, en cuanto a la práctica los muebles de Prouvé alcanzan precios muy altos, como obras de arte, que de alguna manera lo son, pero con ello se desvirtúa la filosofía de diseño industrial, de su intencionalidad más universal, seriada, etc. Lo mismo casi sucede con los Eames, aunque estos han diversificado más el mercado y son más accesibles al gran público, no tanto por sus precios sino por su cercanía a la cotidianidad, su colorido, la tendencia comercial, etc.

Rodearte de muebles y piezas interesantes te hace parecer interesante.

Te hace parecer tú.

¿Qué rescatariais del diseño asociado a los 80?. Nos referimos a los muebles y objetos de Mendini, Sottsass, Stark, Matteo Thun…

Nos interesan a título informativo, de una época de ruptura con ciertas teorías ya demasiado rígidas de la arquitectura, el urbanismo, el diseño. Llegó el color, la forma sobre la función y eso está bien (Memphis, Alchimia, la renovada Domus, …), pero el poso no deja de ser para nosotros algo superficial y frívolo, por eso gusta tanto ahora en una época de consumo por puro consumo parecido al espíritu de aquel grupo de Memphis. Hay que poner a cada uno esos diseñadores en valor desde un punto de vista intelectual, plástico y cultural: son personajes reseñables dentro de la historia del diseño y una de las últimas hornadas interesantes. Pero el revival no nos interesa.

¿Podríais convivir con un aparador castellano de casetones? ¿y con un sillón estilo Luis XIV?

Por supuesto. Un mueble castellano, aunque no sea muy de nuestro gusto, si es bueno, adusto y sencillo puede funcionar muy bien ¿por qué no?. Si el sillón es un fauteil Luis XIV de verdad, ¡por supuesto que podríamos convivir con él ahora mismo!

Lo bueno es bueno siempre y pervive en el tiempo. Nuestro objetivo como interioristas y diseñadores es precisamente ese: la permanencia en el tiempo de aquello que nos va a acompañar siempre. Es un concepto que a veces se escapa, sobre todo en la gente joven, pero con el tiempo te vas dando cuenta de su valor.

Cuando uno diseña y decora para otro, ¿la libertad es mayor o menor?

Depende del cliente, claro, y depende también de las limitaciones del proyecto, ya sean de tipo económico, espacial, etc. La libertad es mayor cuando la confianza es mayor.

¿Qué pensáis de la evolución del interiorismo en los locales madrileños de restauración? ¿llegaremos a echar de menos los bares de toda la vida?

Como profesionales y observadores vemos que estamos asistiendo a una uniformización de esos espacios en Madrid. Son como fotocopias. En ese caso se ha ido adoptando un estilo importado sin sentido y sin personalidad, entre industrial berlinés y un nosequé castizo… Un horror. No se puede querer ser lo que no se es y eso pasa mucho aquí, desgraciadamente.

En cuanto a la segunda pregunta pues todo evoluciona o tiene que evolucionar de forma natural. si han ido desapareciendo será porque la sociedad demanda otra serie de historias. tampoco vamos a echar de menos ni a reivindicar la cabeza de gamba por el suelo, el humo del tabaco y el griterío, aunque tuviera un punto entre etnográfico y entrañable.

¿Cómo es el consumidor de diseño español?

Creemos que es un consumidor parecido al europeo, aunque más minoritario, porque hay pocos y de un poder adquisitivo que ha bajado evidentemente en los últimos años, no olvidemos el estado de la economía y de la educación desde la escuela. El amor por el diseño parece que se aprende de forma autónoma (minoría) o no se aprende.

¿Estamos realmente en la vanguardia o sólo lo pensamos?

Si te refieres al diseño español, ni lo estamos ni creo que lo pensemos, creo que hay un cierto auge del diseño español pero sigue siendo minoritario. Por otro lado hay diseñadores de vanguardia en este país, claro, pero comparados con otros países, en menor número y oportunidades. Y volvemos a la anterior respuesta: todo comienza en la escuela, no en escuelas privadas o en el extranjero, sino en el fomento de los oficios, por ejemplo, pero desgraciadamente muchas veces la vanguardia emigra.

Algo tienen los nórdicos que se nos escapa.

Hombre, tienen un clima diferente, una luz diferente, una manera de ver la cotidianidad que nosotros no compartimos…, y tienen una artesanía y una industria envidiables a esos niveles. Y, otra vez, la educación y el amor a los oficios desde jóvenes.

De todas los bares cafeterías y restaurantes que se han transformado en Madrid, ¿hay alguno en donde haya que lamentar lo perdido?

En muchos, y sobre todo en aquellos casos en que la propiedad o el promotor ha hecho de interiorista para ahorrarse un dinero en un profesional, el resultado es lamentable.

¿Qué ha cambiado en el diseño en España en estos últimos años?

Yo creo que la visión global del mundo nos ha cambiado a todos los niveles, nos ha vuelto más internacionales, salir de nuestro caparazón. Eso no quiere decir que se haya perdido la personalidad, pero esta se ha hecho más abierta y no ajena a una realidad global que nos absorbe todos.

Todos nos abonamos a la moda de la restauración y recuperar lo perdido… Pero sólo quedan fachadas.

Las fachadas se protegen, ¿por qué no los interiores?. En algunos casos, como en un súper hotel que se construye cerca de la Puerta del Sol, se derriba todo el interior art deco. Quizá eso sea una parábola de cómo somos y de cómo vivimos de cara al exterior.

¿Y qué local recomendaríais en Madrid para tomar una copa?

Lo de las copas quedó atrás, hoy no tenemos ni idea. Nos parece mejor plan una tarde de lectura y música o dar un paseo por el río, sobre todo un domingo, sin llegar a pisar el centro.

¿Qué pensáis de las imitaciones baratas de clásicos del diseño del siglo XX?, ¿tiene sentido gastarse más de 6.000 euros en la Lounge Chair editada por Vitra cuando puedes conseguir una versión resultona por poco más de 600 euros?

La cuestión es amar el diseño, creer en él. ¿De qué sirve gastarse tanto dinero en un objeto si no se siente?. El coleccionista gasta lo que puede, que es a veces mucho, en lo que ama, porque lo aprecia hasta ese punto. esto ocurre en el mundo del arte pero también en el del design. es lo mismo que conformarse con una reproducción de una obra de Picasso de 20 euros o querer tener un picasso de «un millón». Si lo amas de verdad y no puedes permitírtelo simplemente lo admiras en el museo, no admites copias, aunque tampoco defendemos a las grandes marcas. Aunque esto conlleve a que el diseño en bastantes casos sea un objeto para gente poderosa, es una desgracia pero es la realidad. Y aceptada esta realidad, existen sociedades, como la centroeuropea o la japonesa, en las que el amante del diseño se esfuerza mucho en conseguirlo aunque sea ahorrando durante años para comprarse una lounge chair o un bolso de Fendi. Las copias no aguantan al paso del tiempo.

Si copiasen vuestros diseños en versión económica, ¿os sentaría mal o sería halagador?

Las dos respuestas tienen truco: primero, nuestros muebles tienen un precio tan ajustado, teniendo en cuenta sus costes de producción, que sería difícil abaratarlos conservando sus materiales tal cual son los nuestros. Halagador sería si hubiésemos alcanzado un nivel de producción tan alto que no nos importara tanto. De todos modos ya nos han copiado algunas piezas: no lo decimos nosotros, lo dicen nuestros clientes.

espacioBRUT se encuentra en la calle Pelayo número 68 de Madrid. Puedes conocer más sobre su trabajo y sus piezas en su web y en el perfil de Instagram.

Fotos: (1) María Latova, obras de Sergio Femar e Isabel Larios; (2) (3) (4) Fotos cedidas por eapacioBRUT: sillón 04, mesilla 01, sillón S01; (5) Foto: Leo López, obras de Sergio Femar, Job Sánchez, Toni Ferrer, Lola Pascual y Antonio Ortuño.