Un accesorio indispensable

N
uestro protagonista, Alex, ya ha elegido perfume y zapatos. Hoy tiene lugar un evento importante y asistimos a la selección de la vestimenta. Nos invita a fijarnos hasta en el último detalle desde la primera decisión. Con parada en un accesorio indispensable.

Alex abre el joyero para seleccionar uno de los relojes que forman su colección. Este artilugio se ha concebido siempre como un complemento, incluso una joya que aporta estilo y distinción. No sólo es una pieza funcional que muestra la hora y la fecha (hoy en día, eso nos lo da el móvil) sino también un accesorio íntimamente relacionado con la ropa que llevamos y la ocasión para la que nos arreglamos.

La historia del reloj de pulsera se remonta a principios del siglo XIX. Abraham Louis Breguet fue quien, en 1812, diseñó el primer reloj de pulsera para Caroline Bonaparte, reina de Nápoles y hermana menor de Napoleón.

En la Place Vendôme de París se encuentra la Casa Breguet, lugar de residencia de los archivos históricos de la manufactura. El registro de los encargos contiene detalles de los pedidos especiales realizados por los clientes, que no encontraban el reloj de sus sueños y optaban por diseñarlo a medida. Este fascinante libro recoge las complicaciones y fantasías de todo tipo que Abraham-Louis Breguet aceptó crear para sus clientes, entre ellos numerosas celebridades y personalidades poderosas.

La Reina de Nápoles encargó dos relojes inusuales: un reloj de carruaje tremendamente laborioso por el que pagó 100 luises, “así como un reloj de repetición para brazalete, por el que cobraremos 5000 francos“.

Las descripciones del archivo permiten hacerse una idea exacta del reloj, a pesar de la información que falta (medidas, configuración exacta de la esfera, forma del brazalete, fijación y sujeción). Breguet ideó el primer reloj de pulsera conocido; un reloj de repetición con complicaciones extremadamente fino, forma ovalada y montado en una pulsera hecha de pelo trenzado con hilo de oro.

Sin embargo, los relojes de bolsillo seguían predominando. No es hasta comienzos del siglo XX cuando el reloj de pulsera gana terreno y prevalece sobre los anteriores.

Por esta época se pusieron de moda entre las damas unos pequeños relojes de bolsillo que se llevaban en la muñeca. Una moda que alcanzaba entonces solo a las mujeres. Los hombres seguían llevando relojes de bolsillo que colgaban de una fina cadena al estilo tradicional, algo que según la ocasión, podía resultar poco práctico.

Destaca el caso de los pilotos, quienes, por aquella época, y dado lo reducido de sus instrumentos de abordo, necesitaban el reloj para realizar mediciones rápidas y de gran relevancia. En 1904 el pionero de la aviación brasileño, Alberto Santos-Dumont pidió a su amigo y relojero parisino Louis Cartier, que le fabricara un reloj que pudiera consultar sin necesidad de levantar las manos de los mandos del avión. Cartier Santos ha sido el diseñador que firmó uno de los primeros modelos de reloj de pulsera masculino.

Se dice que la caja del modelo de Santos se inspiraba en el reloj cuadrado de bolsillo que Cartier había producido con anterioridad. Sin embargo, su dial se podía identificar fácilmente con la transición del estilo art nouveau al art deco que tan bien definió los años veinte y treinta. Como era de esperar, su caja “cuadrada redondeada” estaba concebida para su resistencia. También se decía que los pequeños tornillos que aseguraban el vidrio buscaban evocar las patas de la torre Eiffel. Del mismo modo, los números romanos ennegrecidos sugerían la distribución radial del centro de París, una referencia mundial al desarrollo urbanístico pensada por Haussmann en 1850.

Tanto el Breguet (Reine de Naples) como el Cartier (Santos 100) tienen sus versiones actualizadas de aquellos modelos originales e innovadores, que llegaban para quedarse. Una de las tendencias de todas las casas relojeras es la de recuperar viejos modelos usando técnicas de hoy.

Ya dejando a un lado la historia y profundizando en las últimas tendencias, últimamente se lleva la transparencia de los materiales. Paradojas de la vida. Siendo la relojería una actividad bastante opaca (el secretismo ha imperado en esta industria), la transparencia siempre ha sido obsesión para las firmas. En cierto modo, se entiende este deseo de mostrar las tripas de sus creaciones. Los grandes relojeros consideran al mecanismo de los relojes el elemento más precioso de la pieza. Hasta hace aproximadamente siete años, los avances en los materiales no había sido alcanzado el avance suficiente para revestir las complicadas maquinarias de un elemento transparente. Desde que esta fase ha sido superada,son cada vez más las marcas que se han atrevido a proponer cajas completamente transparentes.

Richard Mille dio el primer paso en 2012 al presentar el primer reloj comercializado del mundo con caja construida en cristal de zafiro el RM 056. Su precio rondaba el millón y medio de euros. Desde entonces, varias han sido las firmas que han experimentado con este material, tan espectacular y resistente, como complicado de trabajar. Esto explica su escasa producción y precio prohibitivo.

Lejos de la imagen de fragilidad con la que habitualmente se identifican a los cristales, el zafiro es uno de los materiales más duros del planeta. El que se emplea en relojería no es natural, sino de origen sintético, fabricado según el proceso de elaboración descubierto por Auguste Verneuil en 1902.

Sólo Hublot ha logrado democratizar el uso del zafiro hasta convertirlo en una opción más accesible. Lo consiguió en 2016 con su primer reloj fabricado en zafiro y repitió el éxito un año más tarde al incorporar, esto sí que fue novedad mundial, el color a su composición.

Para este 2019 Hublot presenta un primer reloj elaborado en zafiro amarillo, tonalidad que ha conseguido integrando en su fabricación una mezcla de cobre con óxido de aluminio. El resultado es un modelo prácticamente imposible de rayar, cuya dureza únicamente es superada por el diamante. Otro de sus atributos es la ligereza, (la caja pesa 107 gramos), aunque lo que más llama la atención es su espectacular acabado, pensado para brillar muy especialmente en los próximos meses de verano, y que recuerda por igual a los rayos de sol que a un sabroso helado de limón. Para conseguir un mejor efecto se acompaña de una correa de caucho del mismo color.

The Spirit of Big Bang Yellow Sapphire, que es el nombre completo del reloj, se presenta en edición limitada de 100 piezas. Tiene un diámetro de 42 mm y viene equipado con un movimiento esqueletado y personalizado por Hublot a partir del reconocido calibre El Primero de Zenith.

Y del más transparente al más complicado del mundo, es el modelo 57260 de Vacheron Constantin. El origen del 57260 data de 2006, cuando recuperan el antiguo servicio que la firma ofrecía a sus clientes más exclusivos de realizar piezas únicas a medida. El proyecto, denominado Atelier Cabinotiers (el espacio de trabajo utilizado por los antiguos relojeros ginebrinos) tuvo entre sus primeras solicitudes una realmente increíble: fabricar el reloj más complicado del mundo. La dirección de Vacheron Constantin asumió el reto y preparó un equipo de tres maestros relojeros dedicados en exclusiva a esta pieza.

Analizado por cifras, el 57260 es un reloj de bolsillo fabricado en oro blanco, con un diámetro de 98 mm, 50,55 mm de grosor y un peso de 960 gramos. En su interior aloja un movimiento de 36 mm de grosor formado por más de 2.800 componentes repartidos en cuatro niveles. Reúne un total de 57 complicaciones y 31 agujas para las diferentes indicaciones.

Aunque el elemento que más llama la atención es su espectacular sistema de sonería. El mecanismo incluye un dispositivo de cinco gongs, es decir, cinco tonos diferentes, para reproducir la conocida melodía Westminster del Big Ben. El sonido se puede oír tanto en la modalidad de gran sonería como de pequeña sonería y repetición de minutos. También existe la opción de combinarla con la indicación de alarma, e incluso ponerla en posición de silencio nocturno para que no suene entre las 10 de la noche y las ocho de la mañana.

Al ser petición expresa de un cliente, Vacheron Constantin se ha comprometido a no fabricar un ejemplar igual, además de respetar una serie de peticiones de su comprador, como la de no asignarle nombre (la referencia 57260 es la suma de su número de complicaciones y los años del aniversario de la casa) ni publicar cualquier dato que revele la identidad y origen de su propietario. No obstante, la manufactura ha elaborado una segunda pieza de uso interno que permitirá a sus relojeros conocer la evolución de la maquinaria e investigar cualquier desajuste que pueda aparecer en el futuro.

Tan importante como la elección del reloj es saber llevarlo. A continuación exponemos algunas de las claves:

Llevar dos relojes no es una opción, tampoco ajustarlo por encima de la camisa, ni con pulseras que puedan desmerecer el valor de la pieza. Un brazalete de oro, plata o metal blanco muy sencillo pueden quedar muy bien con un tank watch, a pesar de que no se recomienda su uso por la noche. La clave no está en el evento al que vayas a asistur, la clase es mirarte en un espejo de cuerpo entero, para poder comprobar si tu conjunto y tu reloj van en la misma línea.

¿Oro amarillo o platino?

“Hubo una regla alrededor de los años veinte que decía que el oro amarillo era un metal de día, porque es de lo que están hechas las cajas de cigarrillos. Por la noche, la norma aconsejaba cambiar a platino u oro blanco, por lo que la mayoría de los botones y gemelos de noche están hechos de oro blanco, porque queda mejor con diamantes y zafiros. Si usas gemelos de platino, debes usar un reloj que sea de oro blanco o platino y no un reloj de oro amarillo”.

¿Mano izquierda o derecha?

Desde sus inicios el reloj se ha llevado en la mano izquierda. Es decir, en la mano que se usa menos. Una cuestión que depende de si la persona es diestra o zurda. Por lo tanto, alguien diestro lo llevará en la izquierda, mientras que una persona zurda ha de llevarlo en la derecha. Si bien es cierto que la moda, más tarde, avalaría ambas manos, lo cierto es que existe un pequeño detalle de diseño que indica cómo debe ser llevado: la corona. Esa pequeña rueda que sirve para poner en hora o cambiar la fecha del calendario y que debe estar siempre en el lado externo de la muñeca (mirando hacia los dedos), facilitando así que pueda ser manipulada.

El tamaño sí importa

A la hora de elegir un reloj hay que tener en cuenta que el tamaño medio de la muñeca de un hombre varía entre los 15 y 18 cm. Considerada como la medida estándar se adapta perfectamente a todos los tamaños. En el caso de tener una muñeca pequeña (por debajo de los 15 cm), lo recomendable es evitar relojes cuya esfera superen los 40 mm de diámetro. Mientras que para muñecas grandes (por encima de los 18 cm), éstas deben tener como mínimo 42 mm.

Combina con los zapatos

Una clave para acertar a la hora de llevar el reloj es combinar éste con el estilo de los zapatos (y con el cinturón). Es decir, si vas a llevar un zapato de vestir lo más apropiado es apostar por un reloj clásico. Si por el contrario te decantas por zapatillas, en este caso el reloj deportivo o casual será tu mejor opción. De esta manera siempre acertarás. Y es que es muy importante llevar el reloj apropiado para cada ocasión. De hecho, combinar un reloj deportivo con traje se puede considerar un grave error de protocolo, un diver con un traje sí, pero con esmoquin jamás. Para eventos de etiqueta siempre se requiere un reloj clásico, de caja delgada y, por regla general, correa de piel.

¿Correa o brazalete?

Esta es mayormente una cuestión de estilo o preferencia personal; pero por otro lado, hay relojes que lucen mejor con brazalete metálico (una buena parte de los de corte deportivo) y otros pensados para llevar correa de piel o de caucho (corte más clásico).

En la medida exacta

En cuanto a la correa (ya sea de piel, goma o metal), el reloj de pulsera nunca debe llevarse demasiado holgado ni demasiado ceñido. No debe dejar marcas en la piel ni tampoco moverse hacia los lados o, incluso, darse la vuelta. Para acertar introduce un dedo entre la muñeca y la correa del reloj; esa será la medida perfecta.

Es una cena muy elegante y Alex ha decidido ponerse el reloj Octo Finissimo de Bulgari, en oro rosa con acabado arenado. Un matiz que choca con la imagen tradicional que tenemos de los relojes fabricados en este material. Ya ha elegido el perfume, el calzado y el reloj.

Seguiremos descubriendo las claves que completan el look de Alex, así como lugar y comensales que le acompañaran en su cita.

Autor: José Pintado Medel.