One Project: la urgencia de equilibrar la balanza de género en el arte

L
a pintura permite construir universos propios, internos o externos, concretos o borrosos, pero siempre matizados por la libertad que provee la imaginación distanciada de una realidad poco flexible. Mediante la creación podemos desprendernos de los lastres que ralentizan el desarrollo de la sociedad, disolver estereotipos, inventar otros nuevos, apropiarnos de aquello que deseamos cambiar y, efectivamente, transformarlo. No hay límites que valgan, solo máscaras más o menos creíbles; con mayor o menor carga de positividad, de color.

Las siete creadoras que forman parte del programa One Project 2019 se distinguen por realizar una obra en la que el color adquiere un papel protagonista: el cromatismo implosiona desde los márgenes del lienzo o explosiona hacia las paredes, se expande o contiene, crea manchas de sonido o geometrías superpuestas, pinta escenas con un carácter mágico en las que poder habitar temporalmente.

Los paisajes de Ruta Vadlugaite (Contour Art Gallery, Lituania) se generan a partir de la expresividad de un trazo decidido y sencillo. Con tan solo unas líneas maestras colocadas estratégicamente, las pinturas muestran una marcada personalidad de formas rotundas. A medio camino entre la abstracción y la figuración, los motivos representados –con referencias esquemáticas a la realidad– exudan una luz propia. En su disposición en la pared, los lienzos se organizan en una composición fluida, casi musical, que los conecta intuitivamente con las obras de Virginia Rivas (DDR Art Gallery, España). Ambas comparten el gusto por las grandes manchas de color, la importancia otorgada al componente perceptivo y el uso de una paleta reducida, pero en el caso de esta última, la figuración desaparece por completo. Las posibles imágenes representativas se forman a través de recorridos mentales propios de cada espectador, provocados por las palabras que deambulan entre las superficies cromáticas y la gestualidad de las formas ascendentes y descendentes, continuas y desamparadas. Observando las pinturas de Rivas es fácil acceder a un reducto de intimidad, incluso en el marco de una feria. En obras como Soundscapes el recogimiento se favorece gracias a los auriculares que acompañan las polaroids. Al tomar las fotografías en diferentes lugares (Salamanca, Bruselas, Hervás, etc.) la artista recogió los sonidos de la calle de ese momento. El espectador puede sumergirse en las locaciones participando de un ambiente ya pasado –aunque probablemente no tan distinto del actual– y reinterpretarlo.

La obra de Mara Caffarone (Granada Gallery, Argentina) Indicio-pista también invita al visitante a escuchar diversos paisajes, en este caso el relato de tres amigos artistas sobre tres collages pictóricos abstractos que realizó en pequeño formato. Los narradores interpretan o especulan sobre la imagen para que el oyente pueda imaginar otras formas de abordarla y sentirla. El trabajo plantea varios de los temas recurrentes en la obra de la artista: los límites de la percepción y la necesidad de identificar aquello que observamos.

 

¿Somos nosotros que, enviciados, intentamos reconocer siempre algo? Darle una palabra que calme, pedirle a la forma que nos susurre su secreto. ¿Qué sos? ¿Qué significás? Todas esas figuras, esas partes se suspenden, flotan. Como si los colores fueran un mar que las sostuviera, una pequeña gran masa de agua. Su sensación es amable. Podría contarme un chiste, hacerme una broma. Si pudiera moverlas, jugaría con ellas, formaría nuevas formas.

El factor lúdico y la flexibilidad indomable de la pintura son características de la obra de Nuria Mora (Galería About Art, España). Siguiendo, asimismo, una marcada línea experimental con respecto al color y la forma, sus piezas desbordan el papel y se adaptan a cualquier superficie. Su trabajo en la calle enmascara los muros y las arquitecturas proporcionándoles una apariencia viva, como si el pigmento geometrizado naciese del fondo de las paredes y se colase por sus grietas generando capas epidérmicas y acumulativas. La superposición de estratos y su cadencia rítmica se trasladan al papel donde las figuras se vuelven, si cabe, más escurridizas y maleables. Las geometrías ocupan un lugar fundamental en la obra de Sofía Echeverri (Flux Zone, México), a pesar de tratarse de un trabajo de invenciones figurativas. Las narraciones, normalmente representadas en blanco y negro, son a menudo colonizadas por manchas de color de diferentes formas que les transfieren un significado y las actualizan, trayéndolas al presente. En la serie Pedir la lluvia indaga sobre diversos rituales de los pueblos indígenas de México para promover la lluvia. Los protagonistas son todo varones que realizan acciones variadas: escenifican, bailan, se emborrachan, luchan… todo bajo la máscara que les permite ser otros y desinhibirse durante determinadas horas o días. Mientras tanto las mujeres continúan con las labores domésticas sin que se les brinde la oportunidad de participar en dichas catarsis colectivas. Echeverri da un giro al desarrollo de estas celebraciones, concede las máscaras a las mujeres, y esboza ficciones de un pasado-futuro en el que son ellas las que ostentan el poder.

Otra máscara mucho más contemporánea, que podría pertenecer a las Pussy Riot, cubre el rostro de una de las mujeres de los collages de Manuela Eichner (RV Cultura e Arte). La obra, titulada Bruja, muestra un cuerpo femenino desnudo del que salen varios brazos –a modo del dios hindú Shiva– sujetando hojas medicinales secas que aluden al poder del conocimiento popular, mayoritariamente en manos de las mujeres. La artista utiliza imágenes de revistas pornográficas para rescatar a sus modelos y empoderarlas: las convierte en bocas que gritan o gozan, emisoras de mensajes subversivos. Por último, el trabajo de Alejandra Atarés (Victor Lope Arte Contemporáneo, España) conecta directamente con las dos artistas anteriores en la representación de mujeres luchadoras y triunfantes, así como en la construcción de paraísos naturales poco probables. En este caso, la máscara es el propio peinado, elemento que invita al espectador a imaginar sus caras y elaborar una personalidad conforme al marco que las rodea y lo que su bagaje personal pueda añadir. A través de la repetición y combinación de patrones, el color se propaga, contamina ambientes y conecta las siete propuestas en una ola de frescura y vigor.

El programa One Project se plantea como una oportunidad única para desarrollar una propuesta comisariada dentro de una feria. Artistas y comisaria trabajan codo a codo en presentaciones individuales que a su vez forman parte de un proyecto unitario. La propuesta 2019 tiene un carácter marcadamente internacional y está formada solo por mujeres artistas, una decisión basada en la urgencia de equilibrar una balanza que sigue muy descompensada y romper una lanza a favor de todas nosotras.

Victor Lope Arte Contemporáneo. Alejandra Atares. Japonesa con palmeras nevadas. Oleo y acrílico sobre lino 114x146cm, 2017.

Galería About Art. Nuria Mora. Sin título. Acrílico sobre papel 143×221, 2018.

DDR Art Gallery. Virgínia Rivas. Oh, la mía pena. Acrílico, grafito y cinta de carrocero sobre lienzo 40x40x3,5cm, 2016.

Flux Zone. Sofia Echeverri. Juegos prohibidos III. Oleo y acrílico sobre lienzo 120×160, 2014.

Contour Art Gallery. Rūta Vadlugaitė. No Title (Lush). Oil on canvas 57×73, 2017.

RV Cultura e Arte. Manuela Eichner. Revolution. Collage and painting on canvas 50x50cm, 2016.

Granada Gallery. Mara Caffarone. Acrílico y aerosol sobre tela 150x100cm, 2012.

Autora: Nerea Ubieto es Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza, trabaja como comisaria independiente, gestora y crítica en diversas publicaciones de arte. Es una de las principales impulsoras de la visibilidad de las mujeres en el arte y comisaria de One Project 2019, que se presenta en la Feria de Arte Contemporáneo Art Madrid.