Hacer creíble lo imposible

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esde hace años realiza fotografías, dibujos y pinturas en donde el paisaje y la arquitectura son el medio para hablar de la necesidad de encontrar un lugar de acogida. De nuestro afán por trascender, cruzar fronteras, elevarnos para poder ver aquello que permanece oculto desde nuestra posición de partida. O del miedo a lo desconocido cuando nos adentramos en territorios alejados del hogar.

Paco Díaz Salas crea imágenes de dos tipos: las que tienen el afán de desconcertar porque lo que muestran podría ser real, y luego, aquellas que hasta un niño ve como algo irreal, un artificio contextual que forma parte de un mundo paralelo con sus propias reglas. Algo no muy lejano a las bóvedas barrocas, cuyo objetivo era hacer creíble lo imposible, el paraíso.

– ¿Cómo te gusta comenzar el día?
Escuchando música mientras leo las noticias en los diarios electrónicos. Y bebiendo un par de tazas de café.
– ¿Qué es lo último que estás pintando?

Cuadros de una serie cuyo punto de partida son escultura romanas. Al mirar las esculturas de senadores, augustas patricias y emperadores, en los pliegues de sus togas y vestimentas puedes ver todo un mundo concentrado en unos cuantos centímetros de mármol. Una cuestión de escalas. Una porción de mármol que bien podría ser la maqueta de un paisaje de varios kilómetros. Los pliegues tallados que quieren ser tela pueden representar valles, laderas, mesetas y montañas, un viaje en el espacio. Pero también en el tiempo, un viaje a la infancia, a las películas de vaqueros que ponían en la televisión en la sobremesa de los sábados. Ahí se podían ver anfiteatros naturales gigantescos, arcos de piedra. paisajes rocosos, adustos, escultóricos, que servían como fondo para una ficción.
Viendo las esculturas romanas me venían a la cabeza otro tipo de paisajes, también asociados a mi infancia, como los que se pueden ver en Tatooine. El desolado planeta que conocemos como si fuese real gracias a la saga de George Lucas. Mentiras que resultan más convincentes que algunas verdades.

– ¿En qué pensabas cuando comenzaste este nuevo trabajo?
En lo que dura, lo que permanece y en lo que desaparece, como los fuegos artificiales. Y en la mirada. En “Tan lejos, tan cerca”, en los ángeles de la película de Wenders, que miran el mundo desde otra perspectiva y en blanco y negro.

– ¿Cuáles son tus sensaciones ahora mismo sobre el arte actual?
Vivimos desde hace bastantes años un momento de transición que se está haciendo muy largo. Somos conscientes que gran parte de lo que ocurrió hasta los años ochenta fue brillante o al menos, interesante. Y queremos creer que ese mismo nivel lo tendremos en un futuro más o menos cercano. Pensamos en la sucesión de corrientes artísticas, que es como nos han enseñado a ver el arte del pasado. Ahora todo vale pero poco emociona de verdad y así llevamos veinte o treinta años y todo indica que vamos a permanecer en esta especie de limbo por mucho tiempo. Hemos perdido la capacidad para sorprendernos, todo lo asumimos con naturalidad. Solo, de vez en cuando, llega la sorpresa pero suele ir asociada a estrategias de marketing o a un juego de escalas. Una idea pequeña, banal, al servicio de montajes apabullantes, nos pueden descolocar, divertir, incluso fascinar, aunque sea por poco tiempo. Hace años vi The Cremaster Cycle de Matthew Barney en el Guggenheim de Nueva York. Tenías la sensación de estar sumergido en la coreografía de una película de Esther Willians. Todo era ingenioso, realizado de forma impecable y por una vez tenías la sensación de que el edificio de Wright era adecuado para mostrar arte. El atractivo de los monstruos aumenta cuando su tamaño crece. El problema es sobre qué se sostiene toda su masa. Yo creo que si hay un momento del pasado que se puede comparar con el actual es el de la pintura pompier de finales del XIX: grandes formatos, a veces inmensos, técnicamente impecables pero en la mayoría de los casos contando cosas de forma cansina ya dichas en numerosas ocasiones. El problema del momento actual es que a los bouguereau del pasado, parece que no les acompaña los cézanne.

– ¿Cinco pintores que te pongan los pelos de punta?
Del pasado hay cientos. Solo voy a mencionar tres: John Martin, Giorgio Morandi y Lucio Fontana. Los tres tienen en común que en sus obras puedes ver un universo, que lo pequeño puede ser inmenso. De ahora me gusta mucho Glenn Brown. Creo que refleja muy bien el momento en el que estamos. Olafur Eliasson es el artista que más me interesa desde hace años, aunque claro, no es pintor.

– Tengo una curiosidad ¿en qué corriente o generación te habría gustado compartir inspiración?
Más que en una corriente, en un momento de la Historia. En los años sesenta, cuando todos los caminos ya estaban trazados pero había que recorrerlos. Unos años en donde se sucedieron o convivieron el pop, el op-art, el arte povera, el minimalista las corrientes conceptuales, el hiperrealismo… son los años de Bernd y Hilla Becher, de la arquitectura brutalista, de Louis Kahn, de Luis Barragán, de Archigram, de Pasolini…

– ¿Te has dado una buena ducha en tu bañera?
(risas) Yo no soy de bañeras, soy de duchas. Te puede parecer mentira, pero es la primera vez que me meto en la bañera de mi casa.
– ¿Qué lees ahora mismo?

“Mierda y catástrofe” de Fernando Castro Flórez. Lo acabo de empezar.
– ¿Qué música suena más en tu estudio?

Tan variada como la oferta de un chino. En una mañana puede sonar Ángel Stanich, John Coltrane, Lucio Battisti, Monteverdi o Bambino. Lo que es seguro es que siempre hay música.

– ¿Qué obra de arte te comprarías y por qué?

Entiendo que no hay límite a la hora de gastar. Si pudiese, una de José de Ribera. La tendría en una habitación vacía, blanca, con un sofá delante y me sentaría un rato delante todos los días. Cuando contemplo los cuadros de Ribera tengo la sensación de que podría dejar de ser ateo. Luego se me pasa.

– ¿Perros o gatos?
Nunca pensé en tener ni perros ni gatos, pero hace unos años nos regalaron un gato y ahora es el señor de la casa. Seguro que con perro me hubiese ocurrido lo mismo.

¿Qué tipo de arquitectura te interesa ahora mismo en tus fotografías?
Ahora mismo estoy más interesado en el paisaje que en la arquitectura. Bueno, más que en paisajes reales en la construcción de paisajes. La arquitectura en mi fotografía, tanto de ciudades como de cementerios, aparece como testigo del pasado, más que por sus virtudes arquitectónicas.
– ¿Cómo nace la serie Migraciones?
Migraciones es una serie en la que llevo trabando desde hace cinco años. Se compone de fotografías que viajan de Madrid a Londres, de Barcelona a Berlín, de París a Rabat… fotos de paisajes urbanos reales, reconocibles, que son modificados para obtener algo distinto ¿ilusión? ¿impostura? Surgió como un juego. Tiene mucho de la película “Milagro en Milán”, cuando los desarrapados que han llegado a la ciudad huyendo de la pobreza, ante la presión para que dejen el terreno en el que tienen sus chabolas, suben al cielo, el único lugar en donde no molestan. Emigrantes que viven en chabolas, que vuelan para irse a otro sitio.
– ¿Te gusta la moda masculina actual?

Tengo la misma sensación que con el arte, que vivimos en un presente continuo en donde el pasado está para saquearlo a discreción. No soy capaz de nombrar a un diseñador actual, todos los que conozco son de los 60, 70, 80 o 90. Eso no quiere decir que no me interese la moda de ahora, miro a la gente por la calle, veo lo que hay en las tiendas y me gusta comprar ropa.
– ¿Eres de té o de café?
De café. Todos los días tomo cinco o seis tazas. Solo, sin leche y sin azúcar.

– ¿En que pensabas cuando hiciste las fotos de Devocionario?

Una semana después de los atentados de París de noviembre de 2015, estaba montando Père-Lachaise, mi exposición en el Colegio de España de la capital francesa. Se notaba tensión en las calles, apenas había turistas y grupos de militares visiblemente armados se paseaban por todas partes con aire de no saber muy bien qué hacer o adónde ir. Una de las visitas que tenía previsto realizar era al cementerio de Père-Lachais, para hacer fotos para mis series sobre cementerios. Cuando crucé el muro, me vino a la cabeza la película Stalker, de Andrei Tarkovsky. Allí, militares fuertemente armados cercan e intentan impedir el paso a la Zona, un sitio en donde la mayoría de la gente que entra no sale nunca. El plomizo cielo de París recordaba al de la película, así como la fría luminosidad, la humedad y la parte viva del cementerio, con sus árboles torcidos, plantas creciendo entre tumbas y musgo cubriéndolas. En la Zona hay una casa abandonada con una habitación en la que se cumplen los deseos de la gente que logra llegar hasta ahí. Al final ninguno de los protagonistas quiere o se atreve a entrar, como si fuese una tumba que todos evitan, a pesar de que una vez dentro de la tumba, o de la habitación, puedas alcanzar el paraíso prometido.
– ¿Te gustan las flores?
Me encantan, todo tipo de flores. En cambio, no me gusta tener plantas en casa.
– ¿Una película?
Magnolia, de Paul Thomas Anderson.
– ¿Qué opinas sobre la vida y la muerte?
Me interesa lo que queda, lo que permanece en el tiempo, lo que sirve para explicarnos, lo que se construye durante la vida y que no desaparece con la muerte

– ¿Eres maniático con algo en general?

Tengo pocas manías. Me gusta trabajar con música si es que a eso se puede llamar manía.
– Confiesa ¿Eres de bóxer o slip o vas desnudo?
(risas) No excluyo nada, aunque más de slip que de bóxer.

– ¿Qué salvarías de un incendió en tu casa?

A las personas que viven conmigo y a Perlo, el gato.
– ¿Lees en el baño?
Siempre.

– ¿Cuál es la ópera que te dejó sin palabras y por qué?

Diálogo de Carmelitas de Francis Poulenc. Hace unos años, en Navidad, me regalaron la versión de Kent Nagano. Había escuchado algún fragmento, pero no imaginaba hasta qué punto me iba a sorprender, me quedé colgado Tiene un final sobrecogedor, me parece de una sabiduría infinita cómo Poulenc resuelve musicalmente la caída de la guillotina, cómo se va apagando el coro de fondo y cómo se van administrando los silencios. Durante quince años estuve abonado al Teatro Real y sin duda la versión de Robert Carsen de esta obra ha sido lo que más me ha conmovido de todo lo que vi allí. Una puesta en escena en donde no sobraba ni faltaba nada al servicio de una de las operas más bellas de todos los tiempos.

Me interesa lo que queda, lo que permanece en el tiempo, lo que sirve para explicarnos, lo que se construye durante la vida y que no desaparece con la muerte

SOBRE EL AUTOR

Paco Díaz es licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, vive y trabaja en Madrid.
Entre las exposiciones recientes hay que destacar las individuales “DEVOCIONARIO”, Ermita de San Roque de Fuente Álamo; “Père-Lachaise”, Colegio de España de París; “Al fin una casa”, Centro Cultural Pérez de la Riva de Las Rozas; “Migraciones”, Centro Cultural Moncloa de Madrid; “Ciudad Invisible”, Centro de Arte Tomás y Vlaliente (CEART) de Fuenlabrada; “STALKER”, Galería La Isla de Madrid; “ABDUCIDOS”, One Shot Hotel Prado Madrid y las colectivas “Pintura 9X2”, Instituto Cervantes de Casablanca y la Muestra Internacional de Fotografía “Olhares de futuro”, Castelo Branco. Ha participado en ferias y encuentros como ARCO, ENTREFOTOS, FLECHA, WE ARE FAIR!, LA NEW FAIR o el Nemo Art Festival de Córdoba.

En los últimos años ha tenido el honor de recibir varios premios y menciones, entre los que destacan el primer premio XLV Concurso Internacional de Pintura Villa de Fuente Álamo (2017); mención de honor XIX Concurso De Artes Pásticas Cámara de Comercio de España en Francia (2017); premio adquisición XXIII Premio Internacional de Pintura Francisco Zurbarán (2017); mención de honor XXVI Premio de Pintura Antonio Arnau, Quintanar de la Orden (2017); premio Fondo Adquisición Antonio López García (2016); premio Fondo Adquisición XV Certamen Cultural Virgen de las Viñas (2016); XXXVIII Premio Nacional de Pintura Casimiro Sainz (2015); primer premio en XXVII Concurso de Pintura Francisco Pradilla (2014); segundo premio del XIV Premio de Pintura Timoteo Pérez Rubio (2014); primer premio en el X Certamen Nacional de Fotografía Francisco Fernández, en Torreblascopedro, Jaén (2013) o el Premio Fundación Marazuela del Ayuntamiento de Las Rozas (2013).

Puedes conocer más sobre la obra de Paco Díaz en www.pacodiaz.art y en Instagram.