Trabajar con la verdad es enormemente peligroso

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sciendo a un tercero sin ascensor donde vive el dramaturgo Pedro Víllora, un mundo diseñado por él mismo en el que escribe los textos de los que se nutren teatros públicos y privados y donde prepara las clases que imparte en la RESAD a los actores del futuro. El soleado piso está en pleno Barrio de las Letras, lo que en el caso de Víllora es toda una declaración de principios.

Vivo en el Barrio de las Letras por elección, estoy cerca de todas partes y, sobre todo, siento la energía del pasado. Pienso que esto en el siglo XVI era un extraño sitio donde se juntaban el mundo de los actores, el de las prostitutas, el de los hospitales y el de las monjas; un crisol lleno de energía positiva y creativa. Me gusta sentir el pasado.

¿Y el presente cómo lo vives?

Peor. Imparto como profesor materias que me permiten bucear en el ayer. No soy muy moderno, no sé seguir las modas ni estoy pendiente de la actualidad. Me siento más a gusto en un entorno lleno de pasado que en uno lanzado hacia el futuro.

El barrio no es solo tu hábitat, es también material literario para ti…

Sí. Una de mis últimas obras se titula precisamente “Barrio de Las letras”, escrita a partir de los artistas que vivieron aquí. Se estrenó muy cerca, en el Teatro de la Comedia, en octubre de 2017, y se repone allí mismo este próximo junio.

Pedro es, además de uno de los escritores dramáticos más activos de su generación, profesor de Historia de las artes del espectáculo (historia del teatro, de la danza del circo, del cine…) y teoría del espectáculo y de la comunicación.

En clase hago un acercamiento teórico al hecho escénico desde el punto de vista de la historia cultural. Empecé a escribir teatro a los 18 años (nació en 1968). No tenía vocación teatral, porque pertenezco a un pueblo en el que no había teatro (La Roda, Albacete). Lo que sí hacía era ver muchísimo cine clásico en televisión. Vine a Madrid a estudiar comunicación audiovisual para ser guionista de cine. Pero aquí empecé a ver teatro y descubrí mi verdadera vocación.

¿Llegaste de La Roda directamente al Barrio de las Letras?

No. Me instalé en el Colegio Mayor San Juan Evangelista, el Johnny, donde viví diez años.

Los Colegios Mayores de Madrid fueron, en los años 70 y 80, auténticos motores culturales. Llenos de inquietos residentes (Manuel Gutierrez Aragón, cineasta; Julián Hernandez, músico líder de Sinistro Total; Rafael Álvarez “El Brujo”, actor, etc), sus actividades suplían las carencias institucionales. Ellos fueron auténticos activistas, organizadores de miles de actividades que nutrieron a los jóvenes que llegaban de todas partes a Madrid para edificarse en tiempos en los que todo estaba por hacer.

El San Juan tenía todo tipo de propuestas culturales. Las centrales eran las musicales, flamenco y jazz, pero también muchas conferencias, teatro… hasta participé en radios piratas…

La influencia de los colegios mayores queda lejos de la mirada actual, enfocada en los coworkings y centros de creación alternativos, algunos de ellos muy cerca de su residencia, como La Ingobernable o MediaLab El Prado. La energía que irradian esos núcleos es paralela a la vigencia del pasado que nutre a Víllora y se materializa en textos de “rabiosa actualidad” (expresión arcaica de su gusto) como su inminente estreno “Mundo Dante”.

La estreno el 5 de abril en una sala alternativa, Nave 73. Me encanta porque casi nunca estreno en este tipo de salas, que sí frecuento como espectador, sino en teatros privados o públicos. En esta obra me inspiro en la “Divina Comedia” para hablar de los refugiados que vienen a Europa buscando el Paraíso pero se encuentran con el Infierno. El protagonista es un neofascista que funciona como un portero de discoteca: les impide entrar al tiempo que les tienta con su interior. Los europeos sabemos que pueden no encontrar lo que buscan, pero aun así esto es mejor que el lugar del que vienen. Vivimos en una contradicción, porque sabemos que la integración será muy difícil pero debemos acoger al que llega, y en ocasiones abrimos la puerta a quien viene con prejuicios culturales y sociales como la homofobia o el machismo, con sus preceptos evangélicos o islamistas… Pero sin embargo debemos privilegiar la acogida sobre el rechazo y procurar que los valores democráticos e igualitarios venzan al oscurantismo. Es muy complicado. Vivimos en un momento en el que hagamos lo que hagamos estará mal; pero si no hiciéramos nada estaría todo aún peor.

Este es un tema que ya habías tratado en uno de tus últimos estrenos…

El año pasado estrené “Auto de los Inocentes” a partir del “Auto de los Reyes Magos”, del siglo XII, la primera obra de teatro de la literatura española. Me permitió hablar de los refugiados sirios que vienen a Europa. Mis últimas obras hablan de la necesidad de encontrar el Paraíso…

Pero ¿podemos englobarlas en la categoría de teatro documental? Quizá las obras más atractivas de la actual cartelera madrileña pertenezcan a este género…

Me interesa mucho y me gustaría abordarlo. Son autores que trabajan con la verdad, sabiendo que trabajar con la verdad es enormemente peligroso. El problema es confundir al espectador y hacerle creer que estamos diciendo la verdad cuando en realidad estamos dando un punto de vista sobre esa verdad, una selección. El teatro documental no deja de ser una intervención sobre la realidad y eso me gustaría que quedase claro.

“Auto de los Inocentes”, que no es teatro documento pero usa muchos datos y situaciones reales, es una obra que me ha dado unas críticas maravillosas y otras horrorosas. En Almería hay cooperantes que usan el teatro clásico para la integración de los jóvenes migrantes; es el caso del grupo El Masrah. De igual manera he querido mostrar cómo en la cultura clásica hay un modelo para el presente: en Calderón o en Valdivielso hay un motor para la esperanza… Era importante que esto se viese desde el Teatro Clásico, porque los clásicos son contemporáneos no cuando se hacen con formas modernas sino cuando realmente intervienen en nuestra vida. Hay gente que esto lo ha entendido muy bien y otra que lo ha rechazado por completo.

Pedro. Tienes siete obras al retortero, ¿Quién produce la escenificación de tus textos?

“Auto de los Inocentes”, que está de gira por toda España hasta mediados de agosto es una coproducción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y Faraute, la compañía de Miguel Narros y Celestino Aranda; “Mundo Dante” es producción del actor Ángel Mauri, que la protagoniza. “Laos” la produce en mayo la sala Ea! de Albacete. “Barrio de las Letras”, que se reestrena en junio en el Teatro de la Comedia, es producción de la CNTC. “El gitano de Federico” la hará en verano Albacity Producciones. Además, en abril, en el Arcola Theatre de Londres, dentro de la muestra “Global Queer Voices” estreno “Furioso y Orlando” y en julio, en el próximo festival de Teatro Clásico de Almagro, estreno “Romeo y Otelo”, cuya escritura ultimo estos días.

¿Algún texto inédito? ¿Alguno especialmente querido?

Nunca he conseguido representar en España “Bésame Macho”, una obra sobre la identidad sexual, pese a que es premio Calderón, se ha traducido y se ha hecho en Roma, Milán, Atenas, Paraguay, México, tres montajes distintos en Chile… Y tampoco se ha estrenado “Electra en Oma”, donde me inspiro en la obra de Agustín Ibarrola para hablar del terrorismo y el nacionalismo con las formas de la tragedia griega. Siendo muy distintos, son los textos con los que más me identifico.

En la esencia del hecho teatral está el actor… ¿tus favoritos?

Uffff, hay tantos maestros: Gloria Muñoz, Nuria Espert, Julieta Serrano, Carlos Hipólito… He tenido la suerte de ver a Amparo Rivelles, Adolfo Marsillach y María Jesús Valdés en escena… José Luis Gómez, Flotats… He podido ver gente con una capacidad magnética con el espectador como Arturo Fernández, Jesús Puente, Nati Mistral, Esperanza Roy, Lina Morgan… Quizá no sean los primeros nombres que le puedan venir a uno a la cabeza al pensar en “grandes actores”, pero son únicos. Son intérpretes fascinantes más allá de los textos que representan.

A alguno de esos grandes nombres estás muy unido…

Nuria Espert prologó mi primer libro. De Imperio Argentina, María Luisa Merlo y Sara Montiel escribí sus memorias. Trabajé con Paco Valladares en Mérida, también con José Luis Pellicena… Me moriría de gusto si trabajase con José Sacristán.

Desciendo los tres pisos que separan el universo de Pedro Víllora del barrio que le alimenta y siento como su mundo se prolonga en los museos, librerías, galerías de arte, y bares de la zona. Mi única preocupación ahora es organizarme para poder asistir a todos sus estrenos.

Más información sobre el trabajo y actividades del dramaturgo Pedro Villora en su web y en Instagram.

Texto: Félix Cábez. Fotos: Moyki Zamora.