Realidad virtual invasiva, el consumo y las realidades impuestas

Se puede soñar con una cultura donde todo el mundo estalla en risas cuando alguien dice: todo es cierto, todo es real

Baudrillard

E
l concepto de realidad virtual está cada vez más presente en nuestro día a día, es un proyecto que se nos anuncia una y otra vez, pero no termina de llegar, por lo menos en la forma en la que nosotros lo adquiriríamos de forma voluntaria como objeto de consumo. Sin embargo, el artificio es parte de nuestras vidas, la creación deliberada de nuevas realidades está presente incluso sin la llegada de la realidad virtual, no terminamos de ser conscientes del todo y aun así siguen guiando nuestras vidas hacia un nuevo consumo.

El escritor latinoamericano Jorge Luis Borges, en su cuento El rigor de la ciencia, imagina la construcción de un mapa tan perfecto que es exactamente de la misma extensión que el territorio real, este mapa será un simulacro de la realidad. Una representación idéntica que no dejará de ser eso, una representación. Pero este mapa recobrará importancia cuando este territorio sea destruido y lo único que queda de él sea dicho mapa, entonces éste será la realidad, el único atisbo de existencia que le queda a lo que antes lo era todo.

Aceptamos la realidad tan fácilmente, tal vez porque sentimos que nada es real

Borjes

Esta metáfora será retomada por el filósofo francés Baudrillard para explicar cómo interactuamos en nuestro día a día con esta clase de elementos, artificios fruto de la imaginación humana, pero convivimos con ellas como si fuera algo natural, la complejidad de estos artificios es que fingen ser algo que no son, Baudrillard nos plantea el inicio de estos simulacros en el renacimiento, en el resurgir de la arquitectura neoclásica, ya que los edificios pasaron a emular templos clásicos aunque estos espacios están completamente desligados tanto de la propia época greco-romana como del ámbito religioso.

Baudrillard, filósofo francés del siglo XX, se preocupó por la percepción de la realidad y es el autor que se encuentra en la base teórica de la película Matrix, para él nada de lo que se encuentra en la actualidad es real, pero una de sus preocupaciones principales fue la propia privación voluntaria de la realidad, nunca considerándola mala, ni asumiendo que las ficciones son algo perjudicial de lo que debamos privarnos, así que es la inconsciencia el punto clave en el análisis, la voluntariedad inconsciente.

El ejemplo más claro que este autor trabajó fue Disneyland, un entorno de fantasía, creado a partir de la imaginación y en el que podemos encontrar distintos espacios que escapan a cualquier situación racional, pero la parte más inusual de esto es que estos espacios no sirven para el propósito para el que fueron pensados por primera vez, tenemos barcos que nunca han estado en el mar y castillos construidos en pocos días, sin embargo seguimos asistiendo a estos eventos provocando una supresión de la realidad de forma consciente, no nos sentimos engañados porque asistimos con la ilusión del artificios, queremos el engaño y lo encontramos.

Entonces si seguimos estos planteamientos veremos cómo diferentes entornos de nuestra propia sociedad han sido modificados para alterar nuestra concepción de los mismos, para que  el planteamiento en torno a estos espacios sea diferente y el tiempo gastado en los mismos sea contemplado como una experiencia; así han surgido entornos de consumo como centros comerciales que destacando entre otros espacios, intentan adoptar un aspecto diferente, intentan alejarse del modelo tradicional de grandes edificios en los que las tiendas están muy marcadas para tomar el aspecto de pequeños pueblos, que buscan una experiencia más extensa, más allá de una compra directa, se busca alargar el tiempo del cliente en el espacio, un ejemplo de ello son los centros comerciales el Roca o las Rozas Village en Barcelona y  Madrid respectivamente, estos centros comerciales al ser un espacio abierto trata de imitar un pequeño pueblo, encontramos balcones, flores, como si hubiera gente viviendo allí, aunque es un espacio reservado a la venta de artículos, al mero consumo.

El problema de este planteamiento radica en el cambio que se produce en el propio objeto al que observamos, los espacios, como estos están perdiendo su significado original y en como alteran nuestra realidad, somos conscientes e inconscientes a la vez, suprimimos nuestra realidad de forma voluntaria, como si asistiéramos al teatro, nos privamos de la realidad para disfrutar mucho más cada momento, solo que en este segundo caso lo hacemos de forma consciente.

Sin embargo, los espacios que caen en esta lógica nunca entrarán en el ámbito de lo real siempre estarán envueltos en artificios, en los que se ha encontrado la ventaja del dinero.

Otro autor francés contemporáneo a Baudrillard que ha sido considerado como uno de los autores más influyente de los últimos años, es Foucault y en torno a esta problemática planteó su concepto de experiencia de la locura, según el cual, todo es una interpretación, si la interpretación no puede acabarse nunca, es síntoma de que ya no queda nada que interpretar, todo lo que existe, aunque no seamos conscientes de ello se ha convertido en una interpretación de algo interpretado anteriormente, lo que supone la desaparición de las cosas primarias, originales.

La misma lógica se sigue, por ejemplo, cuando se ve un partido por la televisión, ya que aquí se está pretendiendo emular la experiencia de asistir al futbol, pero a cambio solo recibimos unas imágenes seleccionadas completamente alejadas de lo que es la experiencia real de estar en un estadio, el ruido, los canticos, la distancia, la perspectiva, son imposible de emular. Este pensamiento tan ligado al espectáculo diferido es una actualización de un concepto del filósofo Walter Benjamin, se trata de su idea del aura, aplicado al arte, este concepto nos plantea que cuando vemos una obra directamente, en un museo, la experiencia de ese cuadro es completamente diferente a si vemos una reproducción fotográfica del mismo, dándole una importancia esencial a la experiencia sensible de la aproximación a la obra de arte. Además, si carecemos de esta experiencia se tenderá a homogeneizar todas las expresiones artísticas.

Quitarle al objeto su envoltura, demoler el aura, es signatura de una percepción cuya sensibilidad para la homogéneo crece tanto en el mundo que, a través de la reproducción, lo localiza hasta en lo irrepetible

Walter Benjamin

Quizá la única conclusión que podemos sacar de estos planteamientos, la única realmente relevante para nuestro día a día, es que debemos tener presente el Aquí y el Ahora, ser consciente de como manipulan nuestro entorno, que podamos dejarnos envolver por el artificio cuando lo consideremos oportuno, divirtámonos siendo conscientes de cuando estamos rodeados de ficción y cuando permanecemos en la realidad.

Júlia Guilló: socióloga y politóloga, especialista en filosofía política y enamorada de las artes. Devoro libros y procuro cuestionarme lo incuestionable.  Más sobre ella en su Instagram y Twitter