Agarrado a un Clavoardiendo

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oberto Villalón es el director de la revista de fotografía Clavoardiendo. Como periodista ha trabajado en medios como El Correo, Que! o la revista cultural El Asombrario. Ver fotos, hacer fotos, discutir sobre fotos, trabajar con fotos, estudiar… Su publicación ha llegado a ser un referente para todos aquellos que sienten ese arte, ya sea apasionado de la fotografía de naturaleza o haga fotos de boda, se dedique a la fotografía de moda o tenga un proyecto de fotolibro, cubra eventos deportivos o simplemente tenga una cuenta en instagram, le guste acudir a exposiciones o haga retoque para revistas, construya cámaras estenopeicas o investigue sobre el lenguaje de la imagen en la universidad.

Roberto es el cuarto de cinco hermanos, de padres emigrantes, Agustina y Braulio, ambos nacidos en un pueblo de Zamora. Su padre fue a vivir a Ermua y a los pocos años acudió su madre, donde nacieron todos los hermanos.

Vino a Madrid sobre todo por problemas laborales. Denunció la situación en la que un todopoderoso periódico vasco tenía a sus fotógrafos y eso le cerró todas las puertas para buscar una alternativa. tras pasar por diferentes empleos, volvió al fotoperiodismo. Acaba de hacer 16 años en Madrid.

– ¿Hace muchos que nos conocemos Roberto?

El mundo de las redes es confuso, no recuerdo desde hace cuánto, pero varios años.

– Cuéntame, ¿en qué andas ahora con tu proyecto?

Bueno, en estos momentos la preocupación es consolidar Clavoardiendo, nuestra revista sobre fotografía, que está a punto de cumplir tres años. Como podréis entender perfectamente vosotros, lanzar algo así requiere mucho esfuerzo, mucha pasión y mucha energía. Ya hemos conseguido ser la referencia en nuestro campo y tenemos un prestigio que hay que cuidar.

Ahora falta hacer la revista viable económicamente. No hemos recibido los apoyos económicos que esperábamos. Y no tenemos los medios para hacer una labor comercial a la altura de nuestro producto.

De todas formas, Clavoardiendo es un proyecto del que estoy muy orgulloso. Es más que una revista, es una comunidad, un punto de encuentro. Y más pronto que tarde lograremos nuestros objetivos y podremos organizar más cosas. De momento, este año esperamos sacar pequeñas publicaciones en papel para premiar a nuestros suscriptores, que nos ayudan económicamente para sobrevivir.

– ¿Cómo has forjado tu carrera artística en estos años?

¿Carrera artística? Ya me gustaría. He sido fotógrafo de prensa muchos años. Creo que, pese a lo encorsetado del medio, siempre he tenido una manera de fotografiar personal. Luego, desde que empecé a hacer fotografía de autor, apenas he hecho unos pequeños proyectos. Lo cierto es que no he tenido tiempo de ocuparme de ellos, de promocionarlos o de construir una carrera artística. ¡Si me robaron el dominio de mi web y no he tenido tiempo hacerme otra!

De todas formas, uno puede ser autor, tenga carrera o no. Y estoy orgulloso de que mi ‘MadridPlaya’ girara por Bulgaria, aunque sea inédito en España, o de haber expuesto una serie ‘¡Expo!’ en la Fernando Pradilla.

Aún así, me considero artista también cuando hago retrato editorial, incluso muchos de mis estados de Facebook son una especie de creaciones literarias. Mira, una de las cosas de las que me siento más orgulloso fue de organizar, junto a María Sánchez, un festival de fotografía en la Casa de Campo al que llamamos Batalla (Campal). Una iniciativa que trataba de evidenciar que no hace falta ser La Fábrica para montar un Photo España. A nosotros nos podía el amor a la fotografía y las ganas de hacer cosas. Me encantan ese tipo de acciones con espíritu guerrillero.

También fue una maravillosa la experiencia montar una exposición improvisada en Arlés, durante los Encuentros. Usamos la planta baja de la casa que habíamos alquilado, que parecía una galería de verdad, para exponer y montar una fiesta. Mar Sáez, Elisa González Miralles, Fernando Masselli, Enrique Fraga, Nacho Moreno, Amanda Vich, Lucia Antevi, Julieta Sol. Otra intifada artística. Como ha sido estupendo hacer de comisario en alguna galería y en algún festival. No, no tengo carrera artística porque soy multitarea.

– ¿Haces fotografías?

Por supuesto. Con el móvil, con la cámara, con intención o sin ella. Sigo haciendo retratos, que es algo que siempre me ha gustado desde mis tiempos de fotografía de prensa. Y contar cosas.

Intento no perder el toque lúdico. Hace unos meses estuve en SCAN de Tarragona, e hice una “crónica visual” con fotos echas con el móvil. Y, aunque no se vea a simple vista, era una opinión de aquella expo que fotografié. Intento que todo lo que hago incluya humor. Mi fotografía, también.

– ¿Cómo nace ClavoArdiendo?

Un poco a la vasca. En una cena con amigos, con vino y tortilla de patata (¿qué podía salir mal?) contaba lo poco valorado que me sentía en una revista para la que colaboraba. Y fue cuando decidimos, porque hubo votación a mano alzada, que si no me gustaba el barco en el que estaba, podía pilotar mi barquita.

Y dos meses después, creamos Clavoardiendo. Decidimos que no me podía quedar en un blog personal. Que teníamos que pensar a lo grande pese a ser muy pequeños. Pedí ayuda a amigos y desconocidos y fueron muchos los que escribieron textos para la revista. Aunque soy el único miembro de la redacción, el proyecto es muy plural.

Y, sobre todo, apostamos por respetar al lector. Nadamos contracorriente. Nada de textos “para internet”, ni titulares engañosos, ni busca clics, ni contenidos virales. Sabemos que no somos perfectos, pero creo que nos hemos ganado nuestro prestigio por ser honestos.

– ¿Y por qué semejante nombre a una revista de fotografía?

Una vez más, no intento no ser obvio. Las revistas de fotografía tienen nombres vinculados a su técnica. Y queríamos salirnos de eso, de hecho no hablamos de cámaras, objetivos y similares. Y bueno, el nombre también reflejaba el punto de locura y de salto al vacío que era empezar este proyecto. Agarrarse a un clavo ardiendo. Aunque el nombre es junto, Clavoardiendo. Me parece más musical y desconcertante. Como ves, elegimos caminos menos transitados y lentos.

– ¿A qué hueles ahora mismo?

Las manos a lejía (limpio mucho con ella), así tengo la ropa. La boca a chicle de menta, tengo una muela mala, y tengo miedo al mal aliento. La barba puede que a café. El cuello y las muñecas a Clinique, la colonia que comencé a usar al poco de llegar a Madrid, cuando conocí a un chico con el que al final me casé. Llevo casi 16 años usando esa fragancia.

– ¿Conoces a medio mundo fotográfico. ¿Quién se te viene ahora mismo a la cabeza?

Bueno, me falta mucho por conocer. Y en la fotografía hay un montón de mundos que se desconocen los unos a los otros. Yo que me he movido en varios de ellos veo cómo los fotógrafos y fotógrafas de prensa desconocen a los del mundo artístico, los de boda a los de publicidad, etc., más allá de los grandes nombres. He conocido a mucha gente en estos años, desde estudiantes de escuelas a premios nacionales. Y me he encontrado a mucha gente que merece la pena. Estos años he hecho muchos amigos fotógrafos. ¡Sobre todo fotógrafas!

Se me vienen demasiados nombres.

– ¿Comida Mexicana o Peruana?

Nunca he estado en ninguno de los dos países, y juzgar su comida por lo que he comido en aquí es como conocer la gastronomía española por lo que los ingleses entienden por paella, je, je.

– ¿Cómo te ves de aquí a 20 años?

No tengo ni idea. Imagino que no me habré rendido, que seguiré pelando. Ojalá alcance una estabilidad económica y pueda formar parte de toda esa gente que hace cosas que merecen la pena. Me gusta pensar que estoy en el lado de los que crean, no de los que destruyen.

Pero eso sí, si pudiera, me jubilaría en un caserío en el País Vaco. Allí tienes todo a tiro de piedra. Es un país tan pequeñito, que tienes playa a nada, el monte que ves desde la ventana, tres capitales maravillosas… Y tendría gallinas, frutales, jardines, castaños… Y a los amigos cerca, para montar comidas en el txoko y cenas en alguna sociedad. Y bajar a Madrid a ver los de aquí de vez en cuando. No parece mal plan, ¿verdad?

– Amo todo el trabajo que haces, ¡es mucho curro! ¿Cómo logras estar y hacer todo esto?

No pensándolo demasiado. A veces cuando veo todo lo que tengo que hacer, entre la revista, acudir a festivales, talleres, visionados… Me siento como el conejo de Alicia, “llego tarde, llego tarde”. Intento no quedar mal con la gente que nos manda información y notas de prensa. Pero no siempre puedo. El rodillo diario es implacable y mis capacidades limitadas. Trabajo desde casa, no tengo horario, y soy mi propio jefe. ¡La he cagado! Menos mal que mi trabajo me gusta.

– ¿Te Interesa algún fotógrafo en especial ahora mismo?

Me interesan todos. Pero más aquellos que me enseñan cosas y que trabajan desde la honestidad. La fotografía es algo tan simple, algo de lo que todo el mundo “sabe”, lo que la hace algo muy complicado. Es muy difícil contar algo bien sólo con fotos.

Todos hacemos fotos. Lo mismo que todos sabemos hablar. Hubo un tiempo en que mucha gente pensó que la fotografía era como la poesía que se enseña en los institutos, basada en métrica y la rima. Pero sabemos que puede ser como la poesía que leemos, no la que estudiamos, que a veces parece banal, mal hecha, sin ajustarse a cánones, pero que tiene un gran potencial para evocar.

Por eso me interesan los fotógrafos que buscan comunicar intentando evitar (qué difícil) recursos manidos. E insisto, me interesan aquellos a los que siento sinceros. Son muchísimos, y sobre todo muchísimas (no sé decir porqué), los autores que, de diferentes estilos y generaciones, puedo incluir en esa categoría.

Voy a citar tres por que tienen sendos fotolibros recientes que puedo regalar a gente que nos son del mundo fotográfico: Bego Antón, autora de ‘The Earth is Only a Little Dust Under Our Feet, Niño Rojo Projecto, autores de ‘The tree of life is eternally green’, y Rubén H. Bermúdez, de ‘Y tú, ¿por qué eres negro?’. Todos son gente querida, pero ¡quiero a muchos fotógrafos y no los recomiendo a todos!

– ¿Por qué siempre con txapela?

¿No te parece un poco raro que la gente se ponga gorras de béisbol americano o gorros de lana de leñador de Oklahoma? Hace unos años empecé a llevar un sombrero por el frío. Cuando te acostumbras no hay manera. Y hablando con mi marido comenté qué tendría más sentido llevar txapela como se lleva en mi tierra o como llevaban mis abuelos. Eran las mismas. La boina de mis abuelos también era de Tolosa, pero se la calaban más para que no se les cayera al hacer las labores del campo.

El caso es que mi marido me regaló una. Me queda bien, y me hace reconocible allá donde voy. La gente sabe que el de la txapela es el de Clavoardiendo. Eso sí, sólo la llevo cuando hace frío.

– ¿Cocinas? Y, ¿para quién?

Sí. Para la gente a la que quiero. Mi marido es el de platos de receta elaborada. Yo soy el de la cocina tradicional. Y hacemos muchas tortillas de patata. Incluso hemos institucionalizado las ‘Tortillas con Arte. Del corral a la Corrala’. Vivimos en una de Lavapiés y nos gusta mezclar gente distinta. Y es que “la tortilla es un acto de amor” como se decía en ‘Cenizas’, la obra que bailaban Chevi Muraday y Alberto Velasco.

– ¿La última novela que has leído?

Estoy leyendo ‘Días Ajenos’ de Bob Pop. Me está tocando. Me hace pensar. He sabido de Bob hace no mucho. Admiro mucho su inteligencia, su sinceridad y su humor.

Estuve en la presentación de la novela en Madrid por casualidad, pues la presentó en Librería Grant, visita obligada si os gustan los libros de todo tipo, y yo había quedado con un autor allí precisamente para preparar la presentación de sus fotolibros. El caso es que Bob Pop, si por casualidad lees esta entrevista, vente a cenar tortilla a casa, que me encantaría tomar unos vinos contigo.

– ¿Christina Rosenvinge o Najwa Minrri?

Ay. A Rosenvinge no la sigo, se quedó en mi adolescencia con Alex y Cristina. Aunque tuve la suerte de hacerle unas fotos con su bicicleta para un periódico muy malo en el que trabajé. De Najwa tengo su primer disco con Carlos Jean. Pero tampoco la sigo demasiado. Me hace gracia su intensidad. Y fue pareja de un fotógrafo que me gusta mucho y que es un tío encantador.

– ¿Escuchas música mientras trabajas? ¿Y que escuchas?

Cuando hago una sesión de fotos, pongo música que anime. Cuando escribo, no suelo poner música. Cuando retoco, edito, o maqueto, sí pongo música. Cada vez me repito más: Hidrogenesse, Massive Attack, Bjork, Radiohead, Antony and The Jhonsons…

– ¿Eres de campo o ciudad?

Soy un urbanita que quiere vivir en el campo (con la ciudad cerca).

– ¿Has robado algo alguna vez? ¿Y qué?

¡Ay! Ya ha prescrito. En mis tiempos de estudiante sin un duro, pero ni uno, media facultad hacíamos “la compra” en “Simango” de Plaza Moyua de Bilbao. Yo tenía mi beca de estudios del Gobierno Vasco y mi trabajo de camarero de fines de semana para sobrevivir y pagarme el piso. Aquel supermercado hizo mucho para que muchos hijos de obreros pudiéramos terminar nuestros estudios. En mi piso de estudiantes, cada uno tenía su especialidad. Una, los champús, otra el jamón, aquella el Ariel. Yo era especialista en carne de ternera.

– ¿Cuéntame que buscas en una fotografía ahora cuando observas detenidamente?

Depende del contexto. No le pido lo mismo a una foto reenviada por whatsapp, que en una revista, en Instagran, una expo o un fotolibro. Si hablo de la foto de autor, que me deje crear un mundo de alguna manera.

– ¿Crees que en general los fotógrafos son personas muy pretenciosas?

No. No especialmente. Tal vez pelín intensitos. En ocasiones hay que recordar que sólo hacemos fotos, no curamos el cáncer, saber tomarse la fotografía como un juego, para el que hay que ser muy profesional, eso sí.

Pienso ahora en Cristina de Middel. Una currante como hay pocos, que se equivoca muchas veces (a mí hay cosas que me gustan y cosas que no), pero que se toma el juego fotográfico muy en serio. Me encanta su lema ¡Flipe y error!

– ¿Te equivocas a menudo? ¿Y en qué?

Como todo el mundo. En muchas cosas. De algunas soy consciente y de otras no. Soy un desastre con los nombres. Mucho. Tampoco suelo ser consciente de la imagen que transmito. De que, por mi manera de expresarme o mi tono de voz, puedo parecer duro cuando emito un juicio. Con los años estoy aprendiendo a ser más diplomático.

– ¿Puto chino maricón u Ojete calor? ¿Y por qué?

¡PUTO CHINO MARICÓN! Lo conocí hace casi dos años en una mesa redonda con Miguel Trillo y Elisa González Miralles que yo moderaba. Y me pareció un puntazo. Joven, inteligente, reivindicativo. Su música es simple en las formas, complejo en el fondo. Nada que ver con la gracieta de Ojete Calor.

– ¿Qué fotógrafo de todos los tiempos es tu favorito?

No lo sé. De verdad. No soy fan. Me gustan muchos, pero no tengo un fotógrafo de cabecera. Ni fotógrafa.

– ¿Y qué piensas de arte contemporáneo actual?

Ufff. ¿De todo? Ja,ja. En general, del “ARTE” actual, que se hace para un mundo muy reducido de espectadores, que se dirige a mercados o a “entendidos” y que pocas veces tiene esa capacidad de cambio e innovación que se le supone que tiene. Muchas veces coge una idea compleja, las simplifica, la vuelve decorativa, le pone un lazo, la vende y luego le pone un texto complejo para que no parezca un ejercicio banal.

Cada vez entiendo el arte como algo guerrillero. Como los videos de María Sánchez Tiendo a pensar que cuando algo acaba en el Guggenheim ya está desactivado. El verano pasado, en el MACBA de Barcelona había una muestra de contenido muy político vinculado a la lucha de clases. Fuera se manifestaban sus trabajadores por sus condiciones precarias de trabajadores. Una auténtica muestra del poder del arte. Del lado de las élites incluso cuando es reivindicativo.

Dicho esto, puedo decirte que ojalá hubiera más arte en el mundo. Invitadme a cenar y lo desarrollo. Y caeré varias veces en contradicciones. No hay respuestas simples.

– ¿Un museo? Y, ¿por qué?

Me escapo más al Jardín Botánico. Me da más paz.

– ¿Tu primera muestra de fotografías de que se trataba?

‘MadridPlaya’, una visión irónica sobre como la gente real hizo suyo el “paraíso” acuático que el Dios Gallardón creó sobre la M30.

– ¿Lo que aparece en Clavoardiendo es lo que te gusta o lo que le gusta al público?

No me muevo por esos criterios. Está porque creo que tiene que estar, me guste o no.

Y, ¿quién es el público? ¿Todo el público o sólo los lectores de Clavoardiendo? Creo he he hecho el medio que debía hacer y que, afortunadamente, tiene su hueco.

– ¿Eres autocrítico?

Yo creo que sí. Soy el primero en analizarme. Creo que soy más duro conmigo que con los demás. Pero tampoco me flagelo. Todos tenemos alta la capacidad de doblepensar cuando se trata de nosotros o los nuestros.

– ¿Qué opinión tienes sobre la denuncia y censura?

Ufff. Es un tema que me preocupa y con muchos matices. Creo en la libertad de expresión es básica, pero que tiene sus límites. Como todo derecho fundamental. ¡Hasta el derecho a la vida tiene sus límites! Tienes derecho a insultarme, pero también existe el derecho a exigir que se te castiguen (a posteriori) si no soy merecedor del insulto. Es compatible.

No creo que la corrección política sea una dictadura. No puedo con los mensajes campofríos. Y sobre todo, no entiendo a esa gente que se dedica constantemente a pedir que se cuelgue en la plaza pública a cualquiera que diga algo en las redes.

– ¿Qué opinas de los premios?

Que pueden ser una forma de promoción, y que nunca son justos, ni aunque me los den a mí. Dependen de un criterio y siempre hay más de uno.

– ¿Y de los críticos?

Soy fan de Ego de ‘Rattatuille’. Esa película es una joya y describe muy bien el papel y los límites del crítico. Pero una cosa es un crítico, y otra un opinador.

– ¿Chueca o Lavapies?

Sin duda, Lavapiés.

– Creo que hoy en día se maneja mucho lo del AMIGUISMO ¿Como logras no cruzar esa delicada línea?

Siendo honesto. Yo difundo más informaciones de gente cercana, pero porque tengo fácil acceso a esa información. Lo mismo que hablo más de fotografía española que latinoamericana. Si mis medios fueran otros…

– ¿Una película?

Uff. Te iba a decir que ‘El séptimo sello’, que me impacto cuando la vi por primera vez hace unos ocho años. Iba a quedar de cinéfilo. Pero creo que me quedo con ‘Up’. Siempre, siempre, siempre lloro con su arranque.

– ¿Un culebrón?

‘Friends’. Era un culebrón para los jóvenes de los noventa.

– ¿Cómo Duermes y de qué lado?

Desnudo si no hace frío. Cambio de lado toda la noche. Cuchara al entrar en la cama y lo mismo al despertar.

– ¿Una ciudad?

Ahora creo que Vitoria. Suficientemente pequeña para ser manejable, con servicios, conciencia social y ecológica, con muchos amigos. Y suficientemente grande para tener oferta cultural y cierto anonimato.

– ¿Has comido las pupusas salvadoreñas?

¿Las qué?