Venezuela, año cero

V
enezolano, abogado, fiscal, diplomático y exiliado en Madrid. Nos reunimos con un analista de excepción, Rómulo Villalba, en plena crisis en Venezuela para comprender el proceso en el que está inmerso el país. Como fiscal en la Fiscalía General de Venezuela impulsó y participó en el proceso por corrupción que llevó por vez primera a la destitución del presidente en ejercicio Carlos Andrés Pérez. Posteriormente como diplomático en los consulados venezolanos en Nueva York y en Vigo pudo vivir en primera persona los entresijos de la política internacional y la diplomacia lationamericana. Hasta que presentó su renuncia por discrepancias con la política del gobierno de Chávez. Actualmente vive en Madrid, ciudad de acogida de tantos venezolanos que ansían un cambio.

– ¿Te preocupa el deterioro de la situación en Venezuela?
Mucho. El país se ha convertido en una gigantesca cárcel. La mayoría de las aerolíneas han dejado de prestar servicio en el país y el derecho para entrar o salir libremente de Venezuela está sujeto a la voluntad de un funcionario de aduanas o Guardia Nacional, quien de manera arbitraria y caprichosa puede anular o incluso romper el pasaporte sin ningún motivo ni fundamento legal para ello. Se impide incluso a ciudadanos con doble nacionalidad el uso de sus segundos pasaportes y ejercicio de sus derechos. Todos conocemos casos de pasajeros a los que directamente se les han apropiado del móvil, el portátil o cualquier objeto de valor como extorsión si quiere salir del país. Hasta ese punto hemos llegado, como algo cotidiano. Sabiendo además que tratar de denunciar solamente genera frustración o incluso mayores represalias, porque ya no hay Estado de Derecho y la justicia está al servicio del régimen, precisamente para amparar la actuación de funcionarios que cometen delitos, facilitar el enriquecimiento de allegados o amedrentar a disidentes, opositores y periodistas.

– ¿Cómo te ha tratado Madrid?
Me fui de Venezuela porque empezaba a sentir claustrofobia y el temor de no poder salir si esperaba más tiempo. Vine a Madrid de visita por diez días. En realidad había considerado otras opciones como Nueva York, donde había trabajado durante más de quince años, o Roma donde tengo familia por parte de madre. Pero al llegar a Madrid me enamoré y el primer día supe que era el lugar donde me quedaría. Madrid es una ciudad llena de vida, donde las personas conectan fácilmente y saben disfrutar de la vida.

– Llevabas una vida cómoda y tenías una posición privilegiada como alto funcionario venezolano. ¿Por qué abandonas y renuncia a todo eso?
Antes del gobierno de Chávez ya estaba en el consulado de Venezuela en Nueva York como diplomático. Después a Vigo. Efectivamente tenía una posición cómoda que podría haber mantenido. Pero fue una cuestión ideológica y de coherencia lo que me llevó a dimitir y dejar todo atrás. Mi renuncia se debió a que tras la llegada de Chávez al poder no estaba de acuerdo con las políticas del gobierno que no podía representar y defender. Esa fue la razón que además dejé por escrito en mi carta de renuncia al cargo, que todavía conservo.

– ¿Qué es Venezuela hoy?
Venezuela es en este momento un país destruido pero con mucha esperanza y posibilidades de recuperación a pesar de los políticos y los corruptos. Sigo amando a mi país.

– ¿Qué aprendiste de tu participación en el proceso que llevó a la condena de Carlos Andrés Pérez?
Conocí de cerca la sensación de total impunidad con la que viven los políticos, sufrí la soberbia del poder. En la Fiscalía General llevaba casos con repercusión y relevancia pública por el tipo de asuntos que me asignaban, y recuerdo especialmente el día en que tuve que acudir a realizar el registro de la oficina del Presidente. Una vez allí recuerdo que un diputado que estaba en ese momento presente me increpó indignado como si yo fuera el criminal “y ése quién coño se cree que es”.

– ¿Te imaginas un proceso similar en el momento actual contra el Gobierno de Maduro?
En aquel momento funcionó todo. Los poderes del estado hicieron cada uno su papel, la Fiscalía, el Tribunal Supremo, el Congreso para retirar la inmunidad presidencial…. Había respeto e independencia entre poderes. Sin embargo hoy no sería posible algo así porque no funcionan las instituciones. A lo más que podemos aspirar en este momento es a que se actúe desde instancias internacionales respecto de cuestiones relacionadas con las actividades de narcotráfico de personas próximas al poder que actúan amparados por el propio Estado y en el ámbito político y diplomático. Pero en Venezuela en este momento lamentablemente no hay Estado de Derecho y es impensable un proceso judicial justo e independiente sobre la actuación de quienes ejercen el poder ejecutivo. Quizás cuando se restablezcan los poderes… ojala en ese momento se den las condiciones para poder enjuiciar y examinar la actuación de este gobierno, también de los falsos opositores y de los corruptos que han sido sus cómplices.

– Has vivido en primera persona presiones para que no pudieras hacer tu trabajo. ¿Amenazas?
En el caso del procesamiento del Presidente no sufrí amenzas directas, como sí sufrí estando a cargo de casos de narcotráfico, incluso un intento de asesinato. En el ámbito político es todo más solapado, hay otro tipo de boicot y de presión personal y judicial. Hay indudablemente un elevado coste personal que quizas no habría podido asumir tan directamente de tener en ese momento esposa e hijos. Es siempre difícil llevar un caso como ese y hay que estar preparado para no tener miedo de las implicaciones políticas, económicas y personales que pueden aparecer.

– ¿No te has planteado contribuir desde la política?
No en primera persona. Me entusiasma aportar a que las cosas se hagan bien, pero no buscarlo. Me causa mucho rechazo la competencia política. Siempre que he tenido algún papel con implicaciones políticas lo he hecho porque me han buscado.

– Sostienes que el hambre y la pobreza no son una situación sobrevenida sino parte de una estrategia.
Absolutamente. La situación dramática que viven millones de venezolanos es parte de una acción corrupta sistemática y planificada. Forma parte de una estrategia que tiene dos objetivos: el primero es el control y doblegar la voluntad de la población, maniplular con el hambre. El segundo objetivo es hacer negocio con el hambre y la escasez de bienes y alimentos básicos, bajo control de allegados al gobierno. Todo forma parte de una estrategia para mantenerse en el poder, de hacerse respetar con terror y miedo. Forma parte de su plan que el pueblo esté hambriento y se exilie masivamente.

– ¿Qué papel debe jugar el exilio venezolano?
Hay básicamente dos tipos de exiliados: la mayoría es un exiliado verdadero que abandona su país por necesidad. Pero hay también un grupo minoritario de enchufados que se han enriquecido con el régimen y viven fuera del país en mejores condiciones, que emigraron por conveniencia bajo un barniz de empresarios respetables. El exilio ayudará a construir una nueva Venezuela. La vida en el exterior aporta una cultura y mentalidad de trabajo, la experiencia de vivir en países donde existe la ley, donde los impuestos se pagan y las instituciones funcionan.

Me fui de Venezuela porque empezaba a sentir claustrofobia y el temor de no poder salir si esperaba más tiempo.

– ¿Qué opinión te merece Guaidó?
De entrada desconfío de los políticos profesionales. Inicialmente Guaidó solamente me parecía un diputado más que no por ser joven pierde el carácter político. En ocasiones la nueva generación de políticos parecen más aprendices tutelados por los corruptos de siempre. Así que no tenía esperanza en esta opción pero ciertamente ha resultado un fenómeno y un resorte de cambio inimaginable hace solamente unas semanas. Ha demostrado tener una personalidad y un discurso equilibrados, el tono adecuado y una actitud tan pertinente para un momento tan complicado. Así que ha sido una sorpresa muy positiva y cuenta con mi apoyo. Confío en que pueda desencadenar el cambio tan necesario en Venezuela.

– ¿Hacia dónde se dirige ahora el pueblo venezolano?
Vamos a recuperar la democracia y la reconstrucción puede ser mucho más rápida de lo que se puensa. Sin embargo hay muchas personas e intereses chavistas que van a tratar de mimetizarse y seguir beneficiándose en el nuevo entorno y eso es algo que debe tenerse en cuenta. Estos días por ejemplo he escuchado el término “madurismo”. No existe tal cosa, simplemente hay la intención de blanquear a parte del chavismo y desvincularlo aparentemente del actual gobierno.

– Se ha anunciado por Guaidó una amnistía con la que eres especialmente crítico.
La amnistía puede ser necesaria en una estrategia de transición, un instrumento clave para aislar a la cúpula. Pero espero que no incluya a opositores, delitos más graves y a los principales dirigentes, o se convierta en un instrumento de corrupción. Debería limitarse a aquellos mandos policiales y militares intermedios no implicados en delitos de sangre y sin decisión en el proceso de represión política y tortura sistemática del pueblo. Es importante como herramienta para quebrar la unión entre el sátrapa y los militares, pero me causaría estupor que se amnistiara a los asesinos de personas como Pernalete, es inadmisible que esa gente se pueda beneficiar de una amnistía, que necesariamente debe ser limitada. No se puede explicar a la madre de Pernalete que los asesinos de su hijo van a ser amnistiados. Esa es una línea que no puede cruzarse en ningún caso.

Rómulo Villalba es abogado y diplomático venezolano. Actualmente reside en Madrid, puedes seguirle en Instagram, Facebook y Twitter.